Por Antón Martínez
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Gobierno Corporativo: ¿Sabes si realmente tienes consejeros o solo encantadores de serpientes?

El Gobierno Corporativo es el arte de mantener a raya los egos, poner orden en la mesa y garantizar que la empresa no se dirija por impulsos emocionales, ocurrencias o, peor aún, por el “es que siempre lo hemos hecho así”.

El Consejo de Administración

Como mencionamos en el artículo anterior, es el jefe del Director General (sí, aunque nadie se lo quiere decir o él no lo quiere entender).

El Consejo de Administración es quien define los límites, la estrategia, cuestiona resultados y establece el camino a seguir.

Pero todo esto solo funciona si en la estructura hay liderazgo real. Y ahí es donde entra el presidente del consejo: el gran orquestador que debe asegurar que las reglas se cumplan, que el debate sea productivo y, sobre todo, que los consejeros sean algo más que espectadores de lujo.

Un presidente que entiende su rol no solo facilita el diálogo, sino que lo vuelve imprescindible para el crecimiento de la empresa.

Ojo: se piensa que el presidente siempre debe ser el accionista mayoritario o el fundador, y eso no es correcto. Ya hablaremos de ello en otro momento.

Cuando el accionista cree que ser dueño le da superpoderes

Tener acciones te da propiedad, sí, pero no automáticamente habilidades de estrategia, análisis financiero ni visión de negocio.

Una empresa necesita consejeros con perspectiva, no solo figuras decorativas que crean que su presencia es suficiente para agregar valor.

Porque si fuera así, entonces cualquiera que compre una acción de Tesla ya debería estar asesorando a Elon Musk sobre cohetes, ¿no?

O quien compre acciones de Bimbo y asista a la asamblea anual de accionistas podría asegurarle a Daniel Servitje que el pan ahora debe fabricarse sin agua.

Pero ser dueño de una parte de la empresa no te faculta, en automático, para tomar decisiones estratégicas.

Dirigir requiere más que dinero: requiere conocimiento, visión, estrategia y, sobre todo, la humildad de aceptar que no se sabe todo.

Consejero vs Encantador de Serpientes

No todos los que ocupan un asiento en el consejo lo hacen con la intención de aportar. Algunos simplemente han perfeccionado el arte de parecer valiosos sin realmente serlo.

Si escuchas frases como:

«La empresa necesita innovación radical» → Siempre aparecen con frases rimbombantes como «Hay que innovar el modelo de negocio», pero luego los ves en la junta revisando correos, WhatsApp y diciendo «Sí, sí, suena bien». Están pendientes de todo, menos de los temas a tratar en la junta de consejo. Dispersos, sin enfoque y muy limitados.

«Tengo conocimiento profundo de la industria» → Pero solo han trabajado en una empresa, y fue hace 15 años (no le resta valor, pero no están actualizados).

«Siempre actúo con los mejores intereses de la empresa» → Pero cada consejo es una oportunidad para empujar su propia agenda personal.

«La forma de comercializar los produc-tos no es la correcta» → Pero ya no tienen ningún negocio propio y han perdido los pies de la tierra. Parecen más astronautas de la NASA que ven todo desde 400 kilómetros de altura sobre el planeta.

El verdadero consejero no hace más ruido que aportaciones. No solo cuestiona todo en las juntas, hace que las decisiones sean mejores.

El perfil del consejero profesional

Experiencia en dirección estratégica real, con resultados medibles, prefe-rentemente en diferentes industrias.Visión imparcial, alejada de influencias personales o conflictos de interés.

Capacidad de desafiar con argumentos sólidos, no con ocurrencias o frases motivacionales sin sustancia.

¿Cuándo es momento de que un consejero se haga a un lado?

Hay momentos en que un consejero ha cumplido su ciclo. Pero no por razones de tiempo: es porque, por más que dé los mejores consejos, fundados y argumentados, la empresa simplemente no quiere cambiar.

Cuando las advertencias son ignoradas, cuando el rumbo no mejora y el fracaso se vuelve evidente, ser honorable implica tomar una decisión difícil: alejarse antes de que el prestigio y la credibilidad personal queden atrapados en el desenlace de una historia que ya tiene un final escrito.

No se trata solo de estar en el consejo y cobrar; se trata de agregar valor. Y cuando eso ya no es posible, la única opción digna es retirarse dejando claro por qué.

Y aquí dejamos abierta la pregunta que exploraremos en el siguiente artículo:

¿Cuándo y cómo un consejero debe tomar la difícil pero necesaria decisión de hacerse a un lado? ¿Y cómo hacerlo sin parecer que escapa del barco antes de que se hunda?

No te pierdas la próxima entrega.

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