El Arte de Conocerse a sí Mismo de Arthur Schopenhauer, Editorial Alianza, 2012, España
“¡Conócete a ti mismo! ¿Qué quiere decir eso? Significa ¡Sé tú mismo!, o acaso ¡no lo seas! No es más que un lema de los buenos sabios, contradictorio en su brevedad. ¡Conócete a ti mismo! ¿Qué saco yo con eso? Si logro conocerme, al punto debo irme. Es como si, no bien llegado a un baile de disfraces, me quitara en seguida el antifaz”. Con ese filo de la duda refiero a Goethe para desafiarlo, pero no para dudar de él sino de invitarle a usted a conocerle a través de la filosofía, por eso me veo en la necesidad de hacerlo dudar a usted querido lector; la duda es para no quedarse inmóvil sino para buscar el dato y crear ese movimiento, para avanzar y guiarnos con sabiduría de Atenea, para no detenerse en conocerse a sí mismo. Esto lo aprendí gracias al filósofo y helenista Antonio P. Rivas. Se dice que cada uno de nosotros está en esa tarea ardua de encontrar la horma de su zapato, y acaso por qué no mirar hacia uno mismo la huella y forma que deja cada sendero del camino de vida, y hacer ese viaje eficaz a través de una introspección, para así dar ese primer paso sabiamente de ese epígrafe de Delfos: “Conócete a ti mismo»; desde Heráclito lo advirtió o sugirió, que “a todos los hombres les ha sido impuesto el conocerse a sí mismo”, y victoriosamente lo indicó nuestro Sócrates cuidar uno de su persona, aflorando en la literatura Helenística: autoconocimiento, con esa inspiración femenina y contemplarse por medio de ese espejo henchido de Mercurio quien comunica, sin llegar a ser narcisista: La Prudencia. Demos pues la bienvenida al autor que nos alienta en “desear tan poco y conocer tanto como sea posible ha sido la máxima principal que guiado a mi existencia”: Arthur Schopenhauer, y llevar a cabo su libro “El arte de conocerse a sí mismo”, con fondo musical de The Beatles “Dear prudence”. Así que camine con precaución y váyase deteniendo en cada párrafo, para voltear y leer sin descuido a otras fuentes bibliográficas, para ir fluyendo a la reflexión, con seguridad al tránsito de los datos en sus decisiones vitales y amor propio. Ya Homero con su visión interior nos encauza: “Por lo tanto, querido amigo, adelante: recapitula con ánimo todo lo que has aprendido… ¡sé prudente y cauteloso!”. Este cuaderno-libro de este gran filósofo Schopenhauer, fue tejiéndose de sus batallas de toda índole, en lo cual forjó su carácter con la tinta irónica de la filosofía, y con palabras de Chamfort precisa: “Existe un tipo de prudencia que es superior a la que ordinariamente recibe este nombre, y que consiste en seguir con audacia el carácter de uno mismo y asumir valientemente todas las desventajas e inconvenientes que pudiera acarrear”. Aunque seamos seres sociables –por eso me encanta la lectura y el ajedrez- tengamos esta consideración vigente de Schopenhauer que nos convida en su legado: “Cuanto más se pueda uno apartar de la compañía de los hombres, tanto mejor se hallará. Así como el hambriento debe hacer caso omiso de una hierba incomestible o incluso tóxica, así debe obrar con respecto a los hombres quien sienta la necesidad de socializar, dada la naturaleza de éstos”. Por eso es recomendable la compañía de un libro como es éste sin excepción ya que la “actitud adecuada con respecto a los demás es la ironía; pero una ironía completamente desprovista de afectación, despreocupada, nada explícita”. Mientras estaba releyendo este libro, se acercó mi gatita Lunita como si estuviese leyéndome la mente o atenta al libro que sostenía: Con un zarpazo cariñoso me reafirma en reconocerme, me ofrece sus argumentos en su lenguaje corporal y la profunda metáfora de su mirada, orquestaba con una vocalización que enternece y sin pedírselo, impulsa un maravilloso salto tan preciso sin dejarme de asombrar y se reacomoda en mis piernas mientras con su cabecita busca mis manos para sostener nuestras miradas y felicitarnos por esta soledad que cultiva el alma; a veces llego a pensar que las mascotas son un espejo o quizás nos eligen para ayudarnos a descubrir nuestra seguridad sin cuestionarnos quiénes somos. Este libro quizás es para algunos, sin menospreciar su capacidad de entenderlo, sino por la inseguridad de dar el primer paso de conocerse a sí mismo…