Por Javier Grifaldo CPP, CICP, DES, DSI

Consultor en Seguridad Integral y Cultura Organizacional

México, por su posición geográfica y su rol como puente entre producción, consumo y exportación, enfrenta retos estructurales en materia de seguridad. Uno de los más críticos —y menos visibles para el público general— es el de los riesgos delincuenciales que afectan la cadena de suministro, especialmente el transporte por carretera, las zonas intermedias entre estados, la intervención de bandas del crimen organizado y la corrupción estructural. A continuación exploramos los principales riesgos, tendencias recientes y algunos datos contundentes que muestran la urgencia de reforzar la seguridad logística nacional.

Riesgos principales a lo largo de la cadena de suministro

Al hablar de “cadena de suministro” se incluyen múltiples eslabones: aprovisionamiento, manufactura, almacenamiento, transporte (terrestre, marítimo, ferroviario), distribución final. En todos esos puntos pueden incidir amenazas delincuenciales, aunque con diferente intensidad. Algunos de los riesgos más críticos son:

1. Robo de carga / asaltos en carretera

Es el riesgo más visible: camiones interceptados, carga sustraída, choferes amenazados o retenidos.

2. Secuestro de transportistas o tripulaciones

Como medida de presión, extorsión o para forzar desvíos.

3. Retenes falsos / suplantación de autoridades

Grupos delictivos que imitan operativos de seguridad para detener camiones legítimos.

4. Corrupción interna / complicidad

Empleados infiltrados, protección regional pagada, filtraciones de rutas y horarios.

5. Robo de insumos estratégicos (combustible, repuestos, productos de alto valor)

Especial atención al robo de combustible (“huachicol”) y productos con mercado negro activo.

6. Ataques a infraestructura logística

Sabotajes a vías, robos en almacenes o terminales, vandalismo a contenedores.

7. Extorsión o cobro de piso

A partir del dominio territorial de grupos criminales, obligando a pagar “derechos”.

8. Interrupción por violencia estructural / enfrentamientos entre bandas

Cierres de carreteras, bloqueos, enfrentamientos armados en corredores críticos.

Principales estados y zonas críticas en México

Ciertos estados mexicanos concentran la mayoría de los incidentes de robo y agresiones al transporte de carga, debido a su ubicación estratégica en corredores industriales, cercanía a ciudades grandes o frontera, y presencia de grupos del crimen organizado.

•De acuerdo con El Financiero, más del 80 % de los asaltos al transporte de carga se concentran en seis estados: Estado de México, Puebla, Guanajuato, Jalisco, San Luis Potosí y Veracruz. 

•En 2024, los robos de carga superaron los 24,000 casos, un aumento de aproximadamente 16 % frente al año anterior. 

•En el primer semestre de 2024, se documentaron 5,140 robos de carga en diversas regiones del país. 

•El robo de vehículos de transporte ocurre, según Motive México, cada 38 minutos en México, en la mayoría de los casos con violencia (86 % de los incidentes). 

•Las pérdidas económicas estimadas por robo de carga alcanzan los 4,113 millones de dólares anuales (equivalente a más de 70,000 millones de pesos) según fuentes del sector logístico. 

•Algunas consultoras de riesgo afirman que los siniestros por robo de carga han duplicado su frecuencia desde 2022, con secuestros en aumento también. 

•En 2019 se registraron 17,503 incidentes de robo al autotransporte de carga en México. 

•En el año 2025 —según reportes de la industria logística— los robos a transporte de carga han aumentado un 33 % respecto al año previo. 

•Por ejemplo, la autopista México-Veracruz (MEX-150D) es señalada como una de las rutas con más riesgo de ser interceptadas.

El papel del crimen organizado

Las grandes organizaciones criminales mexicanas han diversificado sus “negocios” más allá del narcotráfico tradicional; entendieron que intervenir la logística legal es altamente lucrativo y estratégico. Algunos ejemplos:

•El Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) opera no solo en rutas de drogas, sino en servicios de extorsión, robo de combustible, desvíos de transporte y control territorial de corredores logísticos. 

•El Cártel de Santa Rosa de Lima, con origen en Guanajuato, se ha destacado por el robo de combustible y la extorsión a empresas agrícolas y pequeñas industrias. 

•Los huachicoleros siguen siendo un factor de riesgo estructural: la perforación de ductos y el robo de combustible afecta no solo el suministro energético sino la seguridad de los trayectos cercanos. 

•La intersección entre corrupción, crimen organizado y gobierno local es una fragilidad persistente: varias investigaciones señalan complicidad de autoridades locales en facilitar rutas o informar sobre operaciones. 

¿Cómo impacta esto al negocio y la operación logística?

El efecto de estos riesgos no es solo la pérdida física de mercancía, sino un golpe a la eficiencia, la reputación, los costos y la viabilidad del negocio:

•Incremento en primas de seguro, cláusulas restrictivas, uso de rutas más largas o seguras que encarecen el transporte.

•Necesidad de escoltas, rastreo satelital, doble tripulación, lo que eleva costos operativos.

•Retrasos en entregas, penalidades contractuales y rupturas de relaciones con clientes.

•Pérdidas por mercancía robada o dañada, así como por inactividad de unidades.

•Obstáculos para inversiones en logística, exportación o esquemas de nearshoring si no hay certeza de que la cadena se mantendrá segura.

•Confianza mermada e inseguridad para el personal que realiza rutas, aumentando rotación y los riesgos humanos.

Propuestas y buenas prácticas para mitigar el riesgo

Para las empresas que operan en México (y para las que planean ingresar al mercado), estas prácticas pueden marcar la diferencia:

1. Inteligencia de rutas

Mapear rutas con histórico de siniestros, identificar rutas “rojas” y definir trayectos alternos.

Usar herramientas con georreferenciación y predicción de riesgo.

2. Rastreo y monitoreo en tiempo real

Equipar unidades con GPS, sensores, bloqueo remoto y alertas automáticas ante desvíos.

Sistemas redundantes para mitigar inhibidores (jammers).

3. Escolta y seguridad física

Contratar escoltas armadas donde se justifique, rotar convoyes y reforzar vigilancia en puntos críticos (gasolineras, áreas de descanso, cruces).

4. Segmentación y agrupamiento de cargamentos

No llevar toda la mercancía de alto valor en una sola unidad; diversificar riesgo.

Desvío de rutas de alto riesgo durante horarios de menor exposición.

5. Cultura de seguridad interna

Capacitar choferes y personal de logística en reacción ante retenes falsos, procedimientos de bloqueo de comunicaciones y reporte inmediato.

Programas de alerta temprana, protocolos claros ante incidentes.

6. Alianzas público-privadas y solicitud de apoyo institucional

Coordinación con fuerzas estatales o federales para vigilancia en tramos críticos.

Participación en esquemas como padrones seguros, monitoreo carretero coordinado.

7. Auditoría constante y control interno

Revisar rutas internas de información, permisos de cruce, autorizaciones para combustible, filtros en cadenas de autorización para evitar complicidades.

8. Seguros con cláusulas especializadas y recuperación de siniestros

Contratar coberturas específicas para robo con violencia, daño a carga, prolongación de viaje.

Tener plan de contingencia para recuperación rápida, rastreo forense y respaldo documental.

Conclusión

La cadena de suministro en México camina en terreno hostil: los riesgos delincuenciales están presentes en casi cada tramo del trayecto. Las cifras recientes — más de 24,000 robos de carga en 2024, pérdidas multimillonarias, rutas dominadas por el crimen organizado — muestran que no se trata de amenazas futuras, sino de una condición permanente.

Para las empresas que apuestan a México como plataforma logística o de exportación, no basta con diseñar rutas eficientes: deben diseñar rutas seguras, con inteligencia, inversiones en protección y colaboración con autoridades. Sólo así se podrá transformar un país geográficamente privilegiado en una potencia logística con certeza de llegada.

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