“Cambiar ciertos patrones en los lugares donde vivimos o trabajamos puede mejorar nuestra salud hasta en un 80%”, asegura.
Biohacking aplicado al diseño
Inspirada por Dave Asprey, creador del término biohacking, Perla decidió llevar esta filosofía más allá de lo estético y convertirla en una metodología para transformar la experiencia de habitar. Su propuesta se sostiene en seis pilares fundamentales:
- Calidad del aire
- Agua libre de contaminantes
- Iluminación natural y regulada
- Materiales no tóxicos
- Control de campos electromagnéticos
- Geobiología, es decir, la influencia del lugar en el equilibrio energético del cuerpo
- Riesgos invisibles, soluciones tangibles
Entre los enemigos silenciosos de los espacios interiores, Machaen señala al moho —responsable de alergias, problemas respiratorios y fatiga crónica—, la luz azul artificial que altera los ritmos circadianos, y los compuestos orgánicos volátiles (COV) presentes en muchas pinturas, que liberan toxinas durante años.
Su propuesta no depende de gadgets futuristas ni de tecnologías costosas, sino de decisiones informadas y accesibles: controlar la humedad, ventilar correctamente y elegir pinturas ecológicas puede marcar una diferencia radical.
Meliá Brickell: un ícono del futuro saludable
Actualmente, Perla lidera Meliá Brickell, el primer edificio residencial biohacking e hipoalergénico del mundo. Ubicado en el corazón de Brickell, Miami, este proyecto desarrollado junto con su equipo en UNCG incorpora sistemas de purificación de aire y agua, iluminación circadiana y materiales diseñados para maximizar el bienestar físico y emocional de sus residentes.
Además, está próxima a lanzar el curso Wellness Interior Spaces, donde comparte herramientas para que arquitectos, diseñadores y entusiastas del bienestar puedan transformar espacios tóxicos en entornos regenerativos.
Sentir el espacio más allá de lo visual
La dimensión sensorial es esencial. Machaen integra elementos que estimulan todos los sentidos: luz natural, colores armónicos, texturas orgánicas y aromas que inducen calma o energía según la función del espacio. Todo respaldado por la neuroarquitectura, disciplina que estudia cómo el entorno afecta el cerebro y las emociones humanas.
Con el apoyo de expertos, está creando una nueva certificación y fundando el instituto Longevity Interior Spaces for Human Longevity (LISI), destinado a formar profesionales en un campo emergente con proyecciones millonarias: la identificación, reparación y mantenimiento de espacios interiores saludables.
Arquitectura para la longevidad
El biohacking no se aplica igual en todos los casos. En viviendas, se prioriza el descanso y la intimidad; en oficinas, la productividad y el bienestar colectivo. Pero la meta siempre es la misma: convertir el espacio en un aliado silencioso para la salud y la longevidad.
Para medir el impacto, Perla emplea herramientas tecnológicas que analizan aire, agua y otros factores, respaldando cada decisión con evidencia científica. Así, sus proyectos no solo se sienten bien: también lo demuestran con datos.
Reescribiendo el lujo
Machaen impulsa un movimiento para democratizar la información y generar conciencia sobre los espacios tóxicos en los que vivimos. Lo ha bautizado “Casa Viva”, y busca que todos puedan participar en la preservación de la salud física.
Su trabajo también la ha llevado a colaborar con la Casa Blanca en el área de MAHA (Make America Healthy Again), aportando conocimiento para proteger la salud en espacios interiores.
En un mundo saturado de estímulos, Perla Machaen propone un retorno a lo esencial. Su visión redefine el lujo no como ostentación, sino como salud, equilibrio y conciencia espacial. Desde la arquitectura, está abriendo una nueva profesión: la del diseñador de bienestar.