Los datos del Inegi cuestionan la idea de que los jóvenes no leen y abren el debate sobre cómo, qué y para qué se construye hoy el hábito lector.

Por David Galicia Sánchez

¿Qué leen los jóvenes en México y por qué el canon ya no les funciona?

Durante años, un mito se ha perpetuado en torno a los jóvenes en México: que no leen. En reuniones familiares, en conversaciones casuales con amigos o en el trabajo, esta afirmación surge con facilidad y es tomada por cierta. Son varios los factores que alimentan esta idea, sin embargo, los datos más recientes muestran que los jóvenes leen incluso más que los adultos.

Los chicos entre los 12 y los 24 años forman parte del grupo más lector de todo el país: 89.1% de las personas en este grupo de edad leyó algún libro, revista, periódico, historieta, página de Internet, foro o blog en 2025, según los datos del más reciente Módulo sobre Lectura (Molec), elaborado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Los jóvenes en el rango de 25 a 39 años no se quedas atrás: el 85.7% de este grupo de edad leyó alguno de estos materiales en 2025. Y si observamos la estadística, veremos que mientras avanza la edad, el porcentaje disminuye: de las personas entre 40 y 59 años, solo el 74.2% leyó algún libro, revista, periódico, historieta, página de Internet, foro o blog y de los adultos mayores de 60 años en adelante, solo el 66.8%.

En este punto, desde un enfoque del consumo, las cifras echan por tierra el dicho de que «los jóvenes no leen». Sin embargo, la relación de las personas con la lectura no se limita a solo consumir libros, revistas, periódicos, historietas o cualquier otro material; para Maria Alicia Peredo Merlo, doctora en ciencias sociales con especialidad en Sociología por la Universidad de Guadalajara, esta relación también está marcada por los fines que persiguen al acercarse a los materiales de lectura.

«Cualquier medio que utilice el estudiante, indudablemente que va a elevar los indicadores de lo que ahora el Inegi evalúa como consumo lector. Pero si nos vamos a otro nicho, que es la lectura con fines recreativos o fines que la literatura teórica va a denominar ‘con fines espirituales’, no por la espiritualidad religiosa, sino por los fines que son interiores, por el gozo, por el deseo, diría Barthes, de tener alguna sensación personal con tu relación lectora, bueno, entonces hay objetivos diferentes, hay necesidades diferentes y por lo tanto hay lecturas diferentes de acuerdo con las edades en las que este tipo de lectura se consume», explica en entrevista para El Heraldo de México.

La especialista explica que esta percepción sobre la finalidad que los lectores persiguen es lo que ha alimentado al canon lector, un prejuicio social y educativo que determina que lo que hay que leer es la llamada «buena literatura», es decir, los clásicos de la literatura. Un recuerdo que el escritor mexicano Ricardo Garibay solía evocar sobre sus años en la preparatoria, a inicios del siglo XX, ilustra la insistencia de hacer que los jóvenes leyeran estos clásicos.

«Nos formaba Erasmo Castellanos Quinto, un amado maestro que nos decía: ‘al que vea yo sin un libro debajo del brazo, lo agarro a palos. Traigan el libro aunque no lean una línea, por ósmosis se contagiarán, y sobre todo anden cargando La Iliada. Esto es lo que hay que hacer en la vida'».

La relación de las personas con los materiales de lectura está marcada por los fines que persiguen al acercarse a ellos. Foto: David Galicia Sánchez

La recompensa social de leer

A día de hoy, ¿los jóvenes leen más por necesidad que por gusto? Los datos dicen que no. Los resultados del Molec 2025 muestran que, según el motivo de lectura, 7 de cada 10 jóvenes de 12 a 39 años leen libros por gusto, mientras que 3 de cada 10 lo hacen por necesidad. Y leen literatura. Los libros de literatura son los que dominan la preferencia: 52.3% de los lectores entre 12 y 24 años los prefirieron, al igual que el 42.5% de los lectores entre los 25 y los 39 años.

Entonces, ¿qué pasa con el canon lector? María Alicia Peredo advierte que los jóvenes rechazan a los clásicos de la literatura (que según el canon son la «buena literatura»), porque no corresponde a su tiempo, ni a sus intereses, ni a su comprensión inmediata del mensaje que el autor quiere transmitir, porque tampoco corresponde a su momento histórico. Y destaca los casos de autores contemporáneos de novelas como J. K. Rowling con la saga de Harry Potter, o las novelas de Stephen King, que han dado en el clavo de cuáles son las cosas que les llaman la atención a los jóvenes.

La experta cuestiona: ¿Por qué toda la gente tiene que ser lectora de libros de literatura completos, y de libros clásicos de literatura completos? Una respuesta se puede encontrar en que además del canon lector, hay otro fenómeno que permea en la sociedad y que también ha condicionado el consumo de libros y otros materiales: la recompensa social por leer, la cual está relacionada con la manera en que las personas perciben a quienes leen.

«Efectivamente hay una recompensa social puesta en decir: leer y leer muchos libros de literatura es un refinamiento social, es de gente culta, refinada, intelectual, y eso de alguna manera situó también su momento histórico. No sé si está cambiando o no está cambiando, sino que lo que cambian son las preguntas que uno se formula alrededor de: ¿y qué se le queda al lector después de leer un libro o 10 libros, ¿con qué se queda?», explica Peredo Merlo.

La recompensa social por leer, la cual está relacionada con la manera en que las personas perciben a quienes leen. Foto: David Galicia Sánchez

El placer de leer es una experiencia indecible

La especialista retoma nuevamente al teórico literario Roland Barthes para apuntar que el placer de leer algo es inherente a la persona y, por lo tanto, no es decible. Esto significa que una persona no puede describir con precisión el placer que siente de leer, porque además es una experiencia subjetiva.

«Cada persona siente el placer de alguna manera diferente a la otra. Entonces, yo podría leer libros de un tipo de lectura, ¿y con qué me quedo? El problema también viene en cuando me imponen en la escuela que debo leer a Benito Pérez Galdós. ¿Por qué? Porque es un clásico. ‘Oye, pero no me dice nada y no me quedo con nada’, bueno, pues entonces no tiene sentido que estimulemos la lectura a partir del mucho consumo, de muchos libros», subraya.

¿Cómo fomentar la lectura?

Para el gobierno federal, promover la lectura es una prioridad. Lograr una «república cultural y lectora» es uno de los objetivos del Plan Nacional de Desarrollo 2025-2030, y entre los 100 compromisos de la Presidenta Claudia Sheinbaum para lograrlo está promover círculos de lectura en todos los ámbitos. A esta estrategia de promoción lectora se han sumado campañas oficiales que buscan difundir acciones que desde el hogar y las escuelas se pueden implementar para acercar a los niños y a los jóvenes a la lectura. Estas son algunas:

  • Primero hay que hacerles entender que la lectura es una práctica en la que pueden encontrar satisfacción, emoción, un escaparate de la rutina e incluso una forma de calmar su estrés y no como una tarea.
  • Deben ver a sus madres y padres o algún miembro de la familia leyendo libros, periódicos o revistas para que sirva de motivación. Es muy importante dar el ejemplo.
  • La lectura no debe ser vista como aburrida, hay que dejar que las niñas, niños y adolescentes escojan los libros de acuerdo a sus intereses.
  • Dedicar cierto tiempo del día exclusivamente para realizar esta actividad con el fin de que se convierta en un hábito.
  • Involucrarse y preguntar sobre el libro que están leyendo o les gustaría leer.

Estas estrategias dialogan con lo que especialistas señalan como clave para fomentar la lectura. Maria Alicia Peredo rehusa hablar de un paradigma único; en cambio, destaca 3 elementos fundamentales para lograr ese objetivo: la libertad de elegir qué leer, el acceso a materiales de lectura y la disponibilidad de los mismos.

«Entonces tenemos el acceso, la disponibilidad y la apropiación. Yo me apropio de la costumbre, el gusto, el placer de leer si tengo todas estas otras formas que me impulsan a leer», apunta.

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