Lecturas para minutos de Hermann Hesse, Editorial Alianza, 1984, España.

Por Mariano Botey Hernández, [email protected]

“Quién se ha familiarizado un poco con el mundo inmortal de los libros entra muy pronto en una nueva relación no solo con el contenido de los libros, sino con el libro mismo”. Es ir más allá de su esencia y con extrañeza nos aflora un generoso encuentro, como si estuviéramos entablando un diálogo con una extraña persona -algo común en la actualidad de relacionarnos extrañamente, en crear mensajes que destejen las redes sociales, con ese irónico artefacto “inteligente” que no conduce a una conversación afable- sin embargo, este libro que le recomiendo, es una invitación directa de Hermann Hesse, porque son pensamientos, citas de sus libros, que fue entretejiendo con esa misma intención de reorientarnos en algunas de las cuitas (preocupaciones) que nos hallaremos en más de una sin desperdicio de tiempo. “Los libros sólo tienen valor cuando conducen a la vida y la sirven y le son útiles, y cada hora de lectura que no produce al lector una chispa de fuerza, un presagio de rejuvenecimiento, un aliento de nueva frescura, es tiempo desperdiciado”. Así que es oportuno que le produzca ese efecto querido lector, de asistir en este causal festín de lectura preñada.

“Tenemos que acercarnos a los libros no como medrosos escolares al frío maestro, ni como el haragán a la botella del alcohol, sino como los montañeros a los Alpes y como los guerreros al arsenal; nunca como fugitivos ni como personas sin voluntad de vivir”. Es menester que se sienta recibido a llevar a cabo este libro que lleva por título: “Lecturas para minutos” para leerse con amor propio.

“Lectura sin amor, ciencia sin respeto, formación sin corazón, es uno de los peores pecados contra el espíritu”. Creo que uno de los placeres -el otro el de la lectura- es emprender una caminata, por cuestiones de salud física y mental, pues llevas un diálogo, con ese ritmo nostálgico e inspirador, de darle movimiento y sentido a tu vida; aunque no soy ciclista, no dudo que también sea una gran experiencia. “El caminante disfruta del mejor y más delicado de los placeres, porque además de saborear sabe de lo pasajero de todas las alegrías. No se queda largo tiempo mirando lo ya perdido, ni ansía echar raíces en el lugar donde una vez estuvo a gusto”. Es como dejar soltar metafóricamente sin llegar a poseer y fluya como ese inquieto manantial que no se inmuta en rodear la inmensa piedra en su camino. Así que este libro procúrese leer, guiándose con la brújula de Hesse, y no se extravíe de cada “apartado” que lo orientará aun en altamar en algún camino desértico. “Quien está fuertemente individualizado tiene que reconocer que la vida es una lucha constante entre sacrificio y pesar, entre el reconocimiento de la comunidad y la salvación de la personalidad”. Y si en el camino tiene que dejar personas, así como el buen montañista siempre va ligero en su ascenso, donde su único objetivo, no es llegar a la cima sino regresar sano a su regreso. Así se encontrará en algunas páginas que quizás tenga que brincar para no tropezar en algunos temas que no le interesen, como las mismas relaciones humanas, siendo más selectos. “Las personas con valor y con carácter resultan siempre incómodas e inquietantes a los demás”. ¿Acaso es necesario que publiquemos nuestro amor propio? Así que “No debemos buscar, sino encontrar, no debemos juzgar, sino observar y comprender, inspirar y elaborar lo inspirado”.

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