Por Armando Zúñiga Salinas
Esta semana, desde Atlanta, Georgia, miles de profesionales nos reunimos en el Global Security Exchange (GSX) 2026 de ASIS International con un propósito común: entender cómo están evolucionando los riesgos y, sobre todo, cómo debemos evolucionar quienes tenemos la responsabilidad de proteger personas, patrimonio, información y continuidad de los negocios.
Hablar de ASIS International es hablar de una organización fundada en Estados Unidos en 1955 y que hoy constituye la mayor comunidad mundial dedicada a los profesionales de la gestión de la seguridad. Su alcance internacional ha permitido construir una verdadera red de conocimiento, profesionalización y colaboración entre especialistas de diferentes países y sectores.
Uno de sus grandes aportes ha sido, precisamente, profesionalizar la seguridad. Sus certificaciones internacionales —entre ellas, CPP (Certified Protection Professional), PCI (Professional Certified Investigator) y PSP (Physical Security Professional)— se han convertido en importantes referentes para acreditar conocimientos y experiencia dentro de nuestra profesión.
Pero ASIS significa mucho más que una certificación.
Significa conocimiento, actualización permanente y, especialmente, networking global. En sus capítulos y encuentros se construyen relaciones profesionales que cruzan fronteras y permiten intercambiar experiencias sobre problemas que hoy también son globales: crimen organizado, robo de carga, ciberseguridad, protección de infraestructura crítica, inteligencia, continuidad de negocio, inteligencia artificial y nuevas tecnologías aplicadas a la prevención.
GSX representa, quizá, la máxima expresión de este intercambio. Este año nos encontramos en Atlanta profesionales procedentes de Estados Unidos, México, Latinoamérica y muchas otras regiones del mundo. A las sesiones de capacitación se suma una enorme exposición tecnológica, donde podemos conocer soluciones que están transformando nuestra industria: inteligencia artificial, analítica de video, biometría, drones, robótica, centros de comando, ciberseguridad, control de accesos y plataformas capaces de convertir grandes cantidades de información en inteligencia para tomar mejores decisiones.

Y aquí existe una reflexión especialmente importante para México.
Durante más de tres décadas, nuestro país ha enfrentado importantes desafíos en materia de inseguridad. Las empresas han tenido que aprender a administrar riesgos cada vez más complejos para poder mantener sus operaciones, proteger a sus colaboradores, transportar mercancías, desarrollar cadenas logísticas y realizar nuevas inversiones.
En ese contexto, la seguridad dejó de ser solamente un gasto operativo para convertirse en una variable estratégica del negocio.
Hoy, un director de seguridad no puede limitarse a reaccionar ante un incidente. Necesita entender de tecnología, inteligencia, análisis de riesgos, continuidad empresarial, manejo de crisis y, cada vez más, del propio lenguaje de los negocios.
Por eso resulta tan importante la profesionalización.
A lo largo de los años he visto cómo profesionales mexicanos que participan en ASIS, que se capacitan, certifican y construyen redes internacionales han desarrollado carreras relevantes en México, Estados Unidos, Canadá y otros mercados. Es también una muestra del talento que nuestro país puede aportar a la seguridad corporativa global.
Pero hay una segunda dimensión que debemos reconocer: un buen profesional de seguridad también contribuye a generar confianza para la inversión.
Cuando una empresa conoce sus riesgos, cuenta con protocolos, tecnología, inteligencia y personal especializado, puede tomar mejores decisiones. La seguridad protege activos, pero también protege empleos, inversiones, cadenas productivas y la continuidad de las organizaciones.
Desde México tenemos, además, una enorme oportunidad. La seguridad pública y la seguridad privada deben entenderse cada vez más como partes complementarias de un mismo ecosistema, respetando las atribuciones de cada una y fortaleciendo la colaboración, la profesionalización y el intercambio de información.
El futuro de nuestra industria tampoco estará definido por elegir entre personas o tecnología.
Estará en la capacidad de integrar tecnología, inteligencia y talento humano especializado.
Esa es precisamente una de las grandes lecciones que encuentros como GSX nos dejan: mientras las amenazas evolucionan, nosotros tenemos la obligación de evolucionar más rápido.
Desde Atlanta regreso convencido de algo que he defendido durante muchos años:
La seguridad profesional no solamente protege empresas; genera confianza, fortalece inversiones y contribuye a construir un país más competitivo.
Y ante los retos que enfrenta México, profesionalizar la seguridad ya no es solamente una necesidad de nuestra industria. Es una necesidad estratégica para el desarrollo económico del país.
