Por Armando Zúñiga Salinas
México enfrenta desafíos de seguridad cada vez más complejos. La delincuencia organizada, el robo al transporte de carga, la extorsión, los riesgos cibernéticos, la protección de infraestructura crítica y la necesidad de garantizar la continuidad de las actividades productivas nos obligan a entender que la seguridad ya no puede analizarse desde una sola perspectiva.
Hoy debemos hablar de un verdadero ecosistema de seguridad nacional, en el que autoridades, Fuerzas Armadas, corporaciones policiales, empresas, sociedad y seguridad privada reconozcamos nuestras responsabilidades y fortalezcamos nuestra capacidad de colaboración.
En este contexto cobra especial relevancia la publicación del libro “La seguridad privada en el Estado mexicano”, obra desarrollada conjuntamente por ASUME y el Instituto Mexicano de Estudios Estratégicos en Seguridad y Defensa Nacionales (IMEESDN), vinculado a la Secretaría de la Defensa Nacional.
Tuve el honor de coordinar esta obra junto con Carlos Matute, investigador del IMEESDN, y Jaime Domingo López, presidente de la Comisión de Seguridad del Consejo Coordinador Empresarial, además de contar con la participación de especialistas y coautores que han vivido y construido la evolución de nuestra industria.
Su publicación representa un hecho histórico porque contribuye a documentar, estudiar y reconocer institucionalmente una actividad que durante décadas ha estado presente en la vida cotidiana y productiva de México, pero cuya dimensión estratégica no siempre ha sido suficientemente comprendida.
Durante muchos años, hablar de seguridad privada era prácticamente sinónimo de hablar de guardias de seguridad.
Esa realidad cambió.
La seguridad privada moderna comprende prevención y administración de riesgos, protección patrimonial, inteligencia, ciberseguridad, videovigilancia, inteligencia artificial, monitoreo, protección ejecutiva, seguridad logística, custodia, protección de infraestructura y continuidad de operaciones, entre muchas otras especialidades.
Por ello, debemos superar definitivamente la idea de que la seguridad privada es únicamente un servicio complementario.
Es una infraestructura estratégica para el funcionamiento económico y social del país.
Todos los días, miles de profesionales de la seguridad privada protegen instalaciones industriales, centros logísticos, hospitales, universidades, comercios, corporativos, desarrollos inmobiliarios, infraestructura y cadenas de suministro.
Estamos hablando además de una industria que genera cientos de miles de empleos y cuya dimensión se aproxima al millón de personas, directa e indirectamente vinculadas con las distintas actividades del sector.
Pero su importancia no debe medirse únicamente por el número de empleos.
Debe medirse también por todo aquello que ayuda a proteger.
Detrás de una planta industrial que continúa produciendo, de un centro de distribución que mantiene sus operaciones, de una mercancía que logra llegar a su destino o de una empresa que protege a sus colaboradores, información y patrimonio, existe una estrategia de prevención y gestión de riesgos.
Por eso sostengo que la seguridad privada también genera competitividad.
Sin seguridad disminuye la inversión. Sin seguridad aumentan los costos de operación. Sin seguridad se afectan las cadenas de suministro y se debilita la capacidad de las empresas para crecer y generar empleos.
La seguridad, por tanto, no debe entenderse solamente como un gasto. Para las organizaciones modernas es una inversión estratégica en continuidad, resiliencia y certidumbre.
Un nuevo paradigma de colaboración
La publicación de La seguridad privada en el Estado mexicano también llega en un momento fundamental para discutir qué modelo de seguridad necesita nuestro país.
La seguridad pública y la seguridad privada tienen atribuciones y responsabilidades distintas. No se trata de sustituir las funciones constitucionales del Estado.
Se trata de reconocer que ambas conviven todos los días en un mismo territorio y enfrentan riesgos que frecuentemente están relacionados.
La gran oportunidad está en construir mejores mecanismos de coordinación, intercambio de información, prevención, tecnología y profesionalización, siempre dentro del marco de la ley y con pleno respeto a las atribuciones de cada institución.

México necesita avanzar hacia una visión de seguridad colaborativa.
Para conseguirlo también debemos resolver uno de los grandes pendientes de nuestra industria: contar con una regulación moderna y homologada que permita elevar estándares, combatir la informalidad y profesionalizar cada vez más a quienes integran el sector.
Necesitamos empresas sólidas, trabajadores capacitados, mejores condiciones laborales, certificaciones, tecnología y una autoridad capaz de distinguir y reconocer a quienes cumplen con la ley.
De guardias a especialistas
Existe además una transformación que considero indispensable.
Tenemos que dignificar y profesionalizar a las mujeres y hombres que todos los días desempeñan funciones de seguridad privada.
El futuro del sector no estará solamente en incrementar el número de elementos, sino en formar especialistas apoyados por tecnología, inteligencia artificial, analítica de datos y mejores procesos de prevención y reacción.
El profesional de la seguridad del futuro tendrá que comprender tecnología, riesgos, protocolos, información y prevención.
Esta transformación también permitirá enfrentar uno de los grandes desafíos laborales y económicos de los próximos años: hacer más productivas las operaciones sin sacrificar la calidad del servicio ni las condiciones de nuestros colaboradores.
Tecnología y talento humano no deben competir. Deben complementarse.
Un reconocimiento y una responsabilidad
Que una institución dedicada al estudio estratégico de la seguridad y la defensa nacional participe en la publicación de una obra sobre seguridad privada tiene un profundo significado para nuestro sector.
Es un reconocimiento, pero también representa una enorme responsabilidad.
Nos obliga a elevar nuestros estándares.
Nos obliga a profesionalizarnos.
Nos obliga a incorporar tecnología.
Y, sobre todo, nos obliga a demostrar que podemos contribuir cada vez más a la construcción de un México seguro, competitivo y preparado para enfrentar nuevos riesgos.
La presentación de esta obra en CONCAMIN, acompañados por representantes del Consejo Coordinador Empresarial, COPARMEX y la propia Confederación, también envía un mensaje importante: la seguridad privada ya forma parte de la conversación estratégica del sector empresarial mexicano.
El siguiente paso debe ser convertir ese reconocimiento en colaboración, profesionalización y mejores políticas públicas.
Después de décadas de evolución, la seguridad privada mexicana tiene frente a sí la oportunidad de asumir plenamente su papel dentro del ecosistema de seguridad del país.
Porque proteger una empresa también significa proteger empleos.
Proteger una cadena logística significa proteger comercio e inversión.
Proteger infraestructura significa proteger capacidad productiva.
Y proteger a quienes todos los días trabajan, producen, invierten y emprenden es también contribuir a proteger a México.
La seguridad privada dejó de ser solamente vigilancia. Hoy es prevención, inteligencia, tecnología, continuidad y resiliencia. Es momento de reconocerla por lo que verdaderamente representa: un aliado estratégico para la seguridad y el desarrollo de México.