Un resultado sin precedentes

Luiz Inácio Lula da Silva ganó el domingo 25 de octubre la segunda vuelta en Brasil con 51.79% de los votos válidos, frente a 48.21% del senador Flávio Bolsonaro. Será el primer presidente brasileño con cuatro mandatos, y el primer candidato que gana el balotaje después de quedar segundo en la primera vuelta.

La remontada, sin embargo, no borra la fractura. Flávio Bolsonaro ganó en 14 de los 27 estados y la diferencia final fue de poco más de cuatro millones de votos en un padrón de 159 millones. Para el mundo empresarial, la pregunta no es solamente quién ganó, sino qué tan gobernable y qué tan predecible será la mayor economía de América Latina en los próximos cuatro años. Dos señales ayudan a responderla: lo que hicieron los mercados esta mañana de lunes y lo que queda pendiente en la agenda con México.

Lo que dijeron los mercados

Los inversionistas habían apostado por el otro desenlace. Tras la primera vuelta del 4 de octubre, cuando Flávio Bolsonaro quedó adelante, “el real” se apreció más de 4% y el Ibovespa subió 7.7% en un solo día, hasta máximos históricos por encima de los 200 mil puntos. El mercado empezó a descontar un giro hacia la consolidación fiscal.

Este lunes esa apuesta se deshizo de golpe. Los futuros del real cayeron alrededor de 10% y la bolsa de São Paulo tuvo que activar el circuit breaker, el mecanismo que suspende operaciones ante caídas mayores a 10%. En Nueva York, el fondo que replica a las acciones brasileñas perdía más de una cuarta parte de su valor antes de la apertura, con los bancos entre los más castigados. El contagio alcanzó al resto de la región y a empresas europeas expuestas a Brasil, como Santander y Telefónica.

El fondo del asunto es fiscal. Los analistas temen que los compromisos de campaña, entre ellos una jornada laboral más corta, presionen la deuda pública y las tasas de interés. A ello se suma un riesgo político: reportes de este lunes señalan que Flávio Bolsonaro no ha reconocido el resultado, lo que añade incertidumbre a la transición. Las primeras horas suelen exagerar; lo relevante serán las señales de Lula sobre su equipo económico y su disciplina presupuestal.

La agenda con México se reactiva

Para México, la continuidad de Lula destraba una agenda que estaba en pausa. Pemex y Petrobras firmaron este año un memorando de entendimiento para cooperar en exploración y producción, incluidas aguas profundas del Golfo de México. La semana pasada la presidenta Sheinbaum reconoció que no se había avanzado más por la elección brasileña; hoy el gobierno ya dijo que buscará retomarlo. Falta precisar lo esencial: si Petrobras aportará inversión propia o solo asistencia técnica.

El frente comercial también está abierto. El intercambio bilateral sumó 13,600 millones de dólares en 2024, con saldo favorable a Brasil, y ambos gobiernos revisan los acuerdos de complementación económica vigentes: el ACE 53, de preferencias arancelarias, y el ACE 55, del sector automotor. México ha descartado un tratado de libre comercio y prefiere acuerdos de cooperación por sectores; Brasil, que enfrenta aranceles de 50% en Estados Unidos, busca ampliar su acceso en farmacéutica, agroalimentos y aeroespacial.

La caída del real tiene aquí un efecto directo. Un real más barato abarata las exportaciones brasileñas, que compiten con las mexicanas en autopartes y agroalimentos, y reduce en pesos los ingresos de las empresas mexicanas con operaciones en Brasil, como América Móvil, Coca-Cola Femsa o Alpek.

Qué vigilar

El mensaje para el empresariado mexicano es doble. Brasil acaba de recordar que la volatilidad política se traduce en minutos en tipo de cambio, tasas y valor de las empresas. Y, al mismo tiempo, abre una ventana de cooperación en energía y comercio que conviene aprovechar con reglas claras. En las próximas semanas vale la pena seguir cuatro señales:

  1. El nombramiento del equipo económico de Lula y su compromiso con las metas fiscales.
  2. La estabilización, o no, del real y su efecto en la competencia con productos mexicanos.
  3. Los términos concretos del acuerdo Pemex–Petrobras: inversión, riesgos y participación privada.
  4. El avance en la revisión del ACE 53 y el ACE 55, y la voz que tenga en ella el sector productivo.

En un año en que México negocia su relación con Estados Unidos revisión por revisión, diversificar socios es muy necesario. Pero la diversificación solo funciona si descansa en certidumbre jurídica y disciplina fiscal, de este y del otro lado.

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