Durante años, el debate sobre el valor de los activos de real estate comercial se ha centrado en variables visibles: ubicación, diseño, superficie o eficiencia energética. Sin embargo, hoy existe un factor menos evidente que ha pasado a ser igual de determinante: la conectividad avanzada. No solo Wi-Fi tradicional, sino también conectividad móvil de última generación, 5G e infraestructuras preparadas para soportar el ecosistema de Internet de las Cosas (IoT) que define a los edificios inteligentes.

Para la mayoría de las empresas, la conectividad ya no es un valor añadido, sino una condición básica de funcionamiento del negocio. De ella dependen los ingresos, la colaboración entre equipos y la productividad diaria. No es casualidad que el 94% de los líderes empresariales esté dispuesto a pagar un alquiler más alto a cambio de una mejor conectividad, ni que el 63% considere prioritario disponer de cobertura móvil completa en sus edificios. Así lo refleja el informe ‘Location. Location. Connectivity’, que analiza las principales tendencias en el alquiler de activos inmobiliarios comerciales.

En un entorno cada vez más digitalizado, una mala cobertura móvil o una red incapaz de soportar aplicaciones críticas, dispositivos conectados o servicios en tiempo real se traduce directamente en ineficiencias operativas y pérdida de competitividad.

En el real estate comercial, estas deficiencias tienen, según el estudio mencionado, un impacto directo en las decisiones de alquiler. La conectividad ocupa hoy el segundo lugar en la lista de prioridades de los inquilinos, solo por detrás de la ubicación. Un posible inquilino que percibe problemas de cobertura durante una visita a una propiedad difícilmente concederá segundas oportunidades. En un mercado cada vez más competitivo, la conectividad se ha convertido en un filtro silencioso pero decisivo.

El escenario cambia cuando un edificio ofrece conectividad integral: Wi-Fi de alta capacidad, cobertura móvil consistente para todos los operadores y una infraestructura preparada para 5G. Esta base tecnológica permite habilitar casos de uso que diferencian a los edificios inteligentes: sensores del Internet de las Cosas (IoT) para monitorizar ocupación, consumo energético o calidad del aire; sistemas avanzados de seguridad y control de accesos; mantenimiento predictivo o experiencias digitales mejoradas para empleados y visitantes. En ese caso, el inmueble deja de ser un activo pasivo para convertirse en un habilitador del negocio de quienes lo ocupan. Con un elevado número de empresas planteándose mudanzas en los próximos años, esta realidad abre una oportunidad clara para promotores y propietarios.

Invertir en conectividad avanzada no solo ayuda a atraer inquilinos, también permite justificar alquileres más altos, reducir los periodos sin ocupación y disminuir la rotación. En otras palabras, añade valor real y sostenible al activo. No se trata de incorporar tecnología por una tendencia, sino de responder a una demanda concreta cada vez más orientada a edificios inteligentes, conectados y resilientes.

Para aprovechar esta oportunidad, es necesario un cambio de enfoque. Propietarios y promotores deben asumir un papel activo en la experiencia de conectividad de sus edificios, tanto nuevos como rehabilitados, y dejar de depender de soluciones externas que no siempre cumplen las expectativas de los usuarios. Apostar por infraestructuras de red compartidas neutrales, preparadas para 5G e Internet de las Cosas (IoT), es una decisión estratégica que protege el valor del inmueble a largo plazo.

En un entorno en el que las empresas compiten por talento, eficiencia y continuidad operativa, los edificios también compiten. Y lo hacen por algo que no siempre se ve a simple vista, pero que define a los edificios inteligentes del presente y del futuro: la conectividad.

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