Frankenstein o el moderno Prometeo de Mary Shelley, Alianza Editorial, 2021,  España.

¿Seamos aquel monstruo que simula ser un humano o acaso somos ese humano quien disimula en su ser monstruoso? Quizás uno lleva una historia que terminó aterrándonos o ha llevado una serie de bocetos de intentos fallidos que quizás nos han salvado del terror. En situaciones adversas la ficción de un personaje se asemeja a nuestros actos que causan terror con nuestras relaciones humanas, y nos identificamos en ese perfil para emprenderlo en nuestra vida, siendo un moderno Prometeo o un Frankenstein en la caducidad de nuestra fantástica lectura. Es menester, llevar la lectura de Mary Shelley, y no nos dejemos atrapar por miedo a prejuicios pues en algunas frases de su lectura, son filosas que nos puede causar un corte quirúrgico, desangrando nuestra belleza humana -la monstruosidad la tenemos por debajo de la piel de la apariencia-, si no aceptamos que se va tejiendo una escalofriante historia de terror sin remiendos de inteligencia artificial, sólo está la forma; así que descubrirá que no hay límites de esta obra a través de la naturaleza monstruosa en esa absurda aceptación de la ciencia, aunque la arrogancia de cualquier ser humano o en este caso del científico Victor Frankenstein se atreve a desbordar un error irresponsable, no tanto por su creación, sino el abandono inmediato de su criatura. “Ahora que estaba terminado, la belleza del sueño desapareció, y una náusea y un horror sin límites llenaron mi corazón… Me lancé fuera de la habitación, incapaz de soportar la visión del ser que había creado”. Todos soñamos como Frankenstein “aquella belleza de sueño”; sin embargo, se torna una pesadilla ante la visión de esa criatura montruosa. Se apodera ese horror que es tan grande que renuncia a su creación, condenándola a la soledad e invita a la reflexión sin olvidar ese sesgo de sentimientos: “Creador insensible y despiadado, ¿por qué me otorgaste sensaciones y pasiones, para luego arrojarme a un mundo donde solo me esperaba el desprecio y el horror de la humanidad?”. No solo este monstruo causo ese efecto ¿acaso no sigue vigente esa insensibilidad entre nosostros los humanos en las guerras y/o muertes de inocentes día con día? ¿Sin menospreciar a los indefensos animales que llegan a la vida por creación circunstancial y luego el abandono mismo el de la creación de Frankenstein? La Criatura surge bondadosa, pero el rechazo y el miedo es constante -en algún momento de nuestra vida siendo humanos nos han rechazado- y esto nos lleva -como la criatura- a la deseperación y violencia: “En todas partes me encontré con la repulsa. El miedo y el horror me precedían, e iba solo”. La monstruosidad es una consecuencia del abandono social y hasta de uno mismo. Frankenstein es una asombrosa obra porque trasciende el género de terror sobre la condición humana en la era científica y sin descartar la inteligencia artificial. Esta historia que nos ofrece Shelley,  precisamente invita al lector a cuestionar sobre la apariencia física y a reflexionar el sentido ético, através de la innovación científica. Mary Shelley nos presenta a dos protagonistas trágicos: el responsable de la causa: el creador, consumido por su ambición y culpa, y la criatura -seamos nosotros en algún momento de nuestra vida-destruida por la soledad y el rechazo. El libro refiere a las ansiedades de la humanidad ante el progreso sin límites y la necesidad de conexión y aceptación. “La ambición, que yo había considerado durante mucho tiempo como la única noble aspiración del ser humano, me había arrastrado hasta este punto. Y ahora mi ambición está satisfecha; ¡pero con qué resultado!”.

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