
Por Antón Martínez
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Y pasaron los meses. Se hicieron castings internos y externos para la elección del nuevo presidente del Consejo de Administración; se contrató a un despacho de reclutamiento con amplias credenciales en asuntos patrimoniales, y se fueron presentando los resultados a los miembros del consejo en dos sesiones formales.
Como dicen en radio pasillo, donde nunca falta información… aunque casi siempre falta certeza.
En cada sesión se palomeaba el checklist que dejó Don Martín para no dejar fuera ninguno de los requisitos que planteó ante su salida para ocupar su silla.
El checklist de Don Martín tenía los requisitos más retadores que los de una licitación gubernamental… pero al menos aquí sí se revisaban.
Conforme se avanzaba, se hacía evidente lo complejo y arduo que es decidir quién debe ocupar una posición tan relevante en el Consejo de Administración. Como dicen los que saben, es la posición “del que corta el bacalao”, el que da el voto de calidad ante situaciones de duda o empate entre el resto de los consejeros.
El Interinato y sus Sombras
Mientras tanto, el Lic. Ricardo —quien ocupaba la presidencia de manera interina—, a lo largo de los seis meses previos a la siguiente junta de consejo, se desvivía en cuerpo y alma por hacerse merecedor de ser considerado como “el ungido”. Sin embargo, en esa fijación por lucir bien, descuidaba algunos aspectos básicos de la operación al delegar de más en sus directores y alejarse de la tropa: el personal de mandos medios que, si bien no le reportaba directamente, sí solía contar con su presencia y arengas de ánimo ante los retos y eso lo había descuidado. Se sentía en el ambiente, como cuando el aire se vuelve pesado.
Dado que el proceso de búsqueda, si bien era del conocimiento de la alta dirección, mantenía en total hermetismo lo que ocurría con las búsquedas externas, nadie sabía nada hasta que se presentaban los perfiles a revisión de los accionistas.
Dos Caminos, Dos Narrativas
Podría decirse que se configuraron dos grupos de búsqueda:
- El proceso interno, conocido en radio pasillo como el de los “suspirantes”.
- El proceso externo, etiquetado socarronamente como el de los “usurpadores”.
El Proceso Interno
Entre los “suspirantes” participaban:
- El Lic. Roberto, director general, quien además tenía una pequeña porción accionaria del 3%, obtenida a cambio de bonos de productividad en ejercicios anteriores, lo que demuestra que en su responsabilidad ha sido certero.
Los “suspirantes” suspiraban tanto que Recursos Humanos consideró instalar un humidificador.
Junto con él levantaron la mano otros dos consejeros actuales:
- Javier (alias “El Duro”), con una participación del 25% heredada de uno de los socios fundadores ya fallecido. No ha tenido ningún rol operativo en la empresa, pero sí cuenta con fortuna personal, capacidad para “meter el codo” e invertir o capitalizar la empresa en momentos de necesidad.
- Sebastián, consejero independiente sin acciones, pero con profundo conocimiento financiero y de normas de control interno en diversas industrias. Su capacidad para colocar empresas en bolsas de valores, junto con su prestigio por intervenciones atinadas, lo consolidaban como un perfil sólido.
El Proceso Externo
Entre los candidatos presentados por diversos orígenes, se llegó a una terna de semifinalistas:
- Lorena, con estudios de licencia-tura y maestría en las escuelas de negocios más reconocidas del país; amplia experiencia en retail, éxitos probados, pero poco conocimiento de otros giros. Relativamente joven (cuarenta y tantos).
- Patricia, un poco más madura (cincuenta y tantos), solo con licenciatura, pero con experiencia previa como miembro de otro consejo en una empresa familiar de retail de tamaño similar. Por motivos ajenos a ella, esa empresa está en etapa de venta a nuevos inversionistas.
- Mark, exdirector general de una de las empresas globales de retail más importantes. Tuvo sus años de gloria y también sus “Cumbres Borrascosas”. Sin mayores estudios que el high school, pero con la experiencia combinada de Moby Dick y el capitán Ahab.
Con esos perfiles se convoca a la Asamblea General de Accionistas. Aunque había otros temas relativos a estrategia y rumbo, el asunto que generaba mayor interés era el proceso de sucesión de Don Martín. Por ello, el Lic. Ricardo, al abordarse ese punto, a pesar de tener 3% de acciones, no puede estar presente, emitir opiniones ni votar, ante el claro conflicto de interés.
La Hoja de Ruta de Don Martín
A todos los accionistas se les entregó una hoja recordatoria con los requisitos que debieron analizar previo a la asamblea para opinar y votar (incluido el mismo Don Martín). Como vimos en el artículo anterior, recordamos aquí:
Capacidades mínimas para ocupar la silla de Don Martín
- Experiencia comprobada en dirección estratégica en al menos dos industrias distintas, además de la industria del retail.
- Capacidad de análisis financiero profundo, no solo lectura superficial de estados.
- Independencia de criterio, sin conflictos de interés ni agendas ocultas.
- Habilidad para cuestionar con argumentos, no con frases motivacionales.
- Conocimiento actualizado en tendencias tecnológicas, sin perder el sentido común.
- Capacidad de contener egos ajenos sin perder el suyo.
- Y, sobre todo, compromiso con la empresa, no con su propio currículum.
Asamblea de accionistas (el día esperado)
Como todos los accionistas ya habían tenido oportunidad de entrevistar en casting a los prospectos internos y externos, ya tenían una idea de sus preferencias y aversiones. Sin embargo, la asamblea tenía la finalidad de confrontar criterios y hacer la mejor selección para el bien de la empresa y de todos los stakeholders.
Algunos accionistas, sin distingo generacional, se negaron rotundamente a elegir a una mujer por el simple hecho de serlo. Está de más comentar los sesgos, inseguridades y otros «bichos» que ocupaban sus mentes; sin embargo, es una vergonzosa realidad que, en los años veinte de este siglo, sigue existiendo.
Otros se decantaban por la experiencia interna y la confianza que les provoca el dicho “más vale malo por conocido que bueno por conocer”.
Un par de accionistas consideraba irrelevante el género de quien ocupara la presidencia; lo que les importaba era el valor traducido en dividendos, posteridad y legado de la empresa, de hecho, uno de ellos mencionó que si por el fuera, estaría de acuerdo en dejar a todos los miembros del consejo siendo mujeres si tienen las calificaciones, talento, capacidades y sensibilidad que la empresa requiere.
Y no faltaron aquellos a quienes «nada les parece» y proponían una nueva búsqueda, sobre todo los que eran conocidos en radio pasillo como “las momias”.
Querido lector:
¿Quién será el elegido?
¿Será el más indicado?
¿Prevalecerán las viejas y anquilosadas costumbres?
¿Qué depara al Gobierno Corporativo de la empresa en la siguiente década?
No te pierdas la siguiente entrega para descubrir el desenlace.