El mercado habitacional mexicano vive una paradoja: mientras la vivienda confirma su valor como activo refugio, los ingresos no logran seguirle el paso, además, se observan brechas regionales y sociales.
Por Marisol Becerra
La vivienda en México ya no solo es cara: es cada vez más distante para muchas familias.
La vivienda enfrenta un reto creciente: los precios suben más rápido que los ingresos de las familias mexicanas. Aunque la inflación general se ha moderado en torno al 4%, la vivienda no ha seguido ese mismo camino.
Según la Sociedad Hipotecaria Federal (SHF), en el primer semestre de 2025 el precio de las viviendas con crédito hipotecario subió en promedio 8.4 por ciento. Esto significa que la vivienda se sigue revalorizando al doble de la inflación, confirmando su papel como activo refugio, pero generando al mismo tiempo una brecha de asequibilidad cada vez más amplia.
La vivienda se sigue revalorizando al doble de la inflación, confirmando su papel como activo refugio.
En la última década los precios de la vivienda en México han aumentado 58.4%, mientras que el ingreso laboral real apenas creció 4.1 por ciento. El resultado es evidente: el ingreso de las familias ya no alcanza para seguirle el paso al costo de una vivienda.
Un análisis del CONEVAL muestra que en 2022 alrededor del 20% de los hogares con hipoteca o renta destinaban más del 30% de su ingreso a vivienda, lo que se considera financieramente insostenible.
Hoy el precio promedio nacional se ubica en $1.86 millones de pesos, y la mitad de las transacciones ocurren en montos de $1.2 millones o menos. Incluso una familia con ingresos medios necesitaría varios años de salario completo para adquirir una vivienda.
El comparativo por estados lo muestra con claridad: en Colima o Durango, una vivienda equivale a 45–50 meses de ingreso promedio; en Yucatán o Ciudad de México se requieren entre 100 y 105 meses, es decir, más de 8 años.
Esto confirma que el problema no solo es nacional, sino territorial: la presión es más fuerte en zonas metropolitanas y turísticas donde la oferta es escasa y la demanda muy alta.