Libro de buen amor, de Juan Ruiz Arcipreste de Hita, 2016

Visitar librerías de viejo es encontrar ese amor por la palabra oral y escrita incitando un diálogo infinito, es una revelación a otros encuentros y maneras de ver el amor impulsado por el sufrimiento o el enamoramiento fugaz, es el hallazgo de libros que fueron de otras manos y piel geográfica; es la cita sin teléfonos ni redes sociales, para darse esa oportunidad de sostener un diálogo; trasladarse a otros espacios que ya no podemos establecer contactos sino a través de la lectura preñada de atención. Hay libros que te quita la ignorancia como la vida misma te recuerda que no tienes que ignorar la moral qua puedes cultivar. «Non ha mala palabra sin su buen adán; / non ha mal libro que non tenga algo de bien. / Por ende este mi libro, si bien leídes, / fallaredes en él cosas que vos aprovechen.» Arcipreste parece justificar la aparente «inmoralidad» de su obra, sugiriendo que incluso de lo que parece malo se puede extraer una enseñanza. Es un ejemplo de su habilidad para que no tenga expectativas el lector y con los preceptos morales. Abundan ediciones encontrándose en los anaqueles de viejo, escaseándose en las librerías de nuevo -así los encuentros amorosos, unos los edita un corazón con ese polvo enamorado o perdiéndose al olvido- así uno se va adentrando a esos laberínticos espacios de páginas con un salto de fe como este deslumbrante “Libro de buen amor” de Juan Ruiz Arcipreste de Hita; donde cada una de sus frases aflora una microscópica observación de la naturaleza humana. Revela Arcipreste de Hita su maestría en este libro, reflejado en el uso del lenguaje, su gran capacidad para entrelazar lo didáctico con lo lúdico, y una habilidad para entretejer un complejo de reflexiones en especial sobre el amor y la sociedad de su tiempo. Cada una de sus frases siguen resonando con frescura en nuestra época. La voz principal de la obra es la del propio Arcipreste sin alardear ni sentirse superior al humano, éste se presenta como un personaje pícaro y a la vez contradictorio; un clérigo que, a pesar de sus intentos de predicar el «buen amor» (el amor a Dios), se ve constantemente arrastrado por los encantos del «loco amor» (el amor mundano y carnal). La obra es, en esencia, una profunda reflexión sobre la condición humana y sus contradicciones. El Arcipreste, con su agudo sentido de la observación, desnuda las hipocresías de la sociedad de su tiempo, criticando tanto la corrupción clerical como la vanidad de la nobleza. Sin embargo, esta crítica nunca es amarga, sino que está teñida de un humor irreverente y una sorprendente vitalidad. «El Libro de Buen Amor» es una obra maestra de la literatura medieval que, a través de su humor, su ironía y su profunda humanidad, nos sigue interpelando hoy en día. Es un reflejo de su tiempo y, al mismo tiempo, un testimonio atemporal de las complejidades del amor. La frase «Do non es amor, non ay alegría; / do es alegría, allí es buen día» es una de las reflexiones más concisas sobre el bienestar humano. Si no hay amor, no hay alegría; Si hay alegría, hay un buen día. Sitúa al amor como la raíz. En la visión del Arcipreste, la alegría no es un estado que surja de la acumulación de bienes materiales; debe nacer de una fuente más trascendente: El amor, en sus múltiples manifestaciones, es el cimiento sobre el cual se construye la alegría, y esta última es el verdadero indicador de una vida que vale la pena vivir.

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