México está entrando a una etapa en la que la anticipación estratégica de las empresas pesa más que la reacción.
Por Olivier Hache
Al acercarnos al cierre de 2025 y frente a un 2026 que se perfila complejo en lo geopolítico, comercial y regulatorio, algo comienza a ser evidente: las empresas en México no están esperando a que el entorno se estabilice para tomar decisiones. El país está entrando a una etapa en la que la anticipación estratégica pesa más que la reacción. Y este cambio de mentalidad no es menor; está reconfigurando la manera en que se planifica, se invierte y se compite.
La comunidad empresarial mexicana ha entendido que operar bajo supuestos optimistas ya no es una opción. Los líderes han ajustado sus expectativas y están actuando con una claridad distinta respecto a lo que exige la nueva economía global: estructuras más flexibles, operaciones más cercanas al mercado y decisiones basadas en evidencia, no en inercias.
Nuestra más reciente edición de EY-Parthenon CEO Outlook Survey Mexico confirma esta evolución. A pesar del entorno desafiante, la confianza de los directivos en México aumentó de manera significativa: la percepción positiva sobre el país pasó de 30% a 56%, y la confianza en sus propios sectores subió de 38% a 52%. Asimismo, el 78% de los líderes ya implementó estrategias de localización y regionalización, conscientes de que asegurar insumos, fortalecer talento especializado y producir cerca de los mercados clave se ha convertido en un requisito para competir en un contexto marcado por tensiones geopolíticas y presiones arancelarias.
Las conversaciones recientes con ejecutivos de diferentes sectores coinciden en que la estructura tradicional de operación dejó de ser suficiente. Mantener procesos rígidos o concentrar capacidades críticas fuera del país representa un riesgo operativo y financiero. Por ello, las empresas están reconfigurando sus suministros, evaluando proveedores alternativos, fortaleciendo capacidades locales y acelerando la automatización como parte natural de su gestión del riesgo.
La expectativa de posibles ajustes arancelarios en los próximos años ha añadido presión, pero también ha servido como impulso para replantear la arquitectura completa de las operaciones. Lejos de esperar claridad, las empresas están usando este escenario para revisar costos, proteger sus márgenes y diseñar arquitecturas operativas más flexibles. La anticipación se convirtió en una ventaja competitiva en sí misma.
La transformación del portafolio corporativo también ganó relevancia. Las organizaciones están aplicando criterios más estrictos para decidir dónde invertir. Se privilegia todo aquello que impulse el desempeño financiero, reduzca complejidad y genere valor sostenible. Esta disciplina permite anticipar cambios regulatorios y adaptarse con mayor velocidad a condiciones que no siempre controlan.
Las decisiones de inversión confirman este giro estratégico. México se consolidó como el destino prioritario de capital para los propios líderes empresariales del país, con 47 de 50 directivos eligiéndolo como su principal mercado de inversión para los próximos 12 meses. No se trata de optimismo, sino de pragmatismo: ventajas logísticas, acuerdos comerciales vigentes, costos competitivos y acceso a mercados clave posicionan al país como centro estratégico en las cadenas regionales. Sectores como manufactura avanzada, productos de consumo, tecnología e infraestructura digital están captando la mayor atención por su escalabilidad y alineación con las tendencias globales.
Esto no implica ausencia de riesgos. La renegociación del acuerdo comercial con Estados Unidos, los ajustes regulatorios internos y las tensiones políticas pueden introducir incertidumbre en los próximos meses. Sin embargo, la diferencia entre quienes crecerán y quienes se verán frenados dependerá de la capacidad de anticipación. Los directivos que trabajen con diferentes escenarios, estructuras ágiles y decisiones informadas estarán mejor preparados para enfrentar cualquier cambio en el entorno.
México está mostrando que el crecimiento no depende únicamente de condiciones externas, sino de la disciplina estratégica con la que se actúa. El empresariado mexicano ya no responde desde la expectativa, sino desde la evidencia. El país está adaptando sus modelos para competir sin importar el escenario, y esta mentalidad —más pragmática, más consciente y mejor alineada al contexto global— es la que permitirá a sus empresas asumir un rol activo en la configuración del futuro económico de la región.