Dr. Josué Abid Pérez Pastrana

Coordinador de la Maestría en Derecho

Fiscal y Administración Tributaria en la

Universidad Anáhuac México

México y la Unión Europea (UE) están viviendo un momento importante en una relación que se remonta al año 2000, cuando entró en vigor el Acuerdo Global. Luego de una intensa y prolongada etapa de negociaciones, en enero de 2025 las partes alcanzaron un acuerdo para actualizar dicho instrumento, realizando los ajustes y modificaciones necesarios para modernizar el marco jurídico bilateral.

Como resultado de este proceso, surgen dos nuevos instrumentos: el Acuerdo Global Modernizado (AGM) y el Acuerdo Comercial Interino (ACI). Ambos instrumentos fueron firmados el 22 de mayo de 2026, durante la VIII Cumbre México-Unión Europea celebrada en la Ciudad de México, después de que el Consejo de la Unión Europea autorizara su firma el 11 de mayo de ese mismo año, y tienen por objeto adecuar la relación bilateral a las nuevas realidades económicas, tecnológicas, ambientales y geopolíticas del siglo XXI.

La relevancia de esta modernización se explica, entre otros factores, por el notable crecimiento del comercio entre ambas economías durante los veinticinco años de vigencia del Acuerdo Global. De acuerdo con información oficial de la Unión Europea, el comercio bilateral de mercancías creció aproximadamente un 302% desde la entrada en vigor del acuerdo original. En 2023, el intercambio de bienes alcanzó alrededor de 82 mil millones de euros, mientras que el comercio de servicios se ubicó en 22 mil millones de euros (Servicio Europeo de Acción Exterior, 2025). En la actualidad, la Unión Europea es el tercer socio comercial de México y uno de los principales inversionistas extranjeros en el país (Comisión Europea, 2025).

En primer término se encuentra el Acuerdo Global Modernizado, denominado formalmente Acuerdo de Asociación Estratégica en materia Política, Económica y de Cooperación entre la Unión Europea y sus Estados miembros y los Estados Unidos Mexicanos. Se trata de un instrumento de mayor complejidad, ya que abarca diversos aspectos que trascienden el ámbito comercial y plantea un marco integral de cooperación política, económica e institucional. Asimismo, busca fortalecer el diálogo en materias como derechos humanos, Estado de derecho, cambio climático, transformación digital, seguridad, justicia y desarrollo sostenible, además de incorporar actualizaciones en materia de comercio, servicios e inversión.

En segundo término, con el fin de contar con un marco modernizado en materia comercial mientras el AGM completa su proceso de ratificación en los Estados miembros de la Unión Europea, se presentó el Acuerdo Comercial Interino. Este instrumento constituye una solución jurídica que permite agilizar la aplicación del nuevo marco comercial y que las empresas de ambas regiones puedan beneficiarse de sus disposiciones, mientras concluyen los procedimientos necesarios para la entrada en vigor del acuerdo integral.

Sin duda, este proceso de actualización y modernización representa múltiples beneficios para ambas partes, particularmente por la ampliación de las oportunidades para el comercio y la inversión. Se prevé la eliminación de diversas barreras arancelarias y no arancelarias que hasta ahora han limitado un mayor intercambio económico, así como una significativa apertura de mercados para empresas de ambos continentes.

Por otra parte, se fortalece la certidumbre jurídica para los inversionistas y se modernizan las reglas aplicables a sectores estratégicos como las telecomunicaciones, el comercio electrónico y la economía digital.

También resulta relevante la ampliación del acceso a los procedimientos de contratación pública. En este sentido, la Comisión Europea ha destacado que las empresas europeas podrán participar en licitaciones y contratos gubernamentales mexicanos bajo condiciones de mayor transparencia y competitividad. Con ello se busca generar un entorno de negocios más estable y eficiente para los operadores económicos de ambas partes.

El proceso de modernización contempla, además, diversos temas que hace veinticinco años no ocupaban un lugar relevante en las agendas internacionales, entre ellos el comercio digital, las pequeñas y medianas empresas, la sostenibilidad y el establecimiento de cadenas de suministro estratégicas. También adquiere especial importancia la cooperación en el aprovechamiento de materias primas indispensables para la transición energética y digital, así como el fortalecimiento de las disposiciones relacionadas con la protección ambiental y los derechos laborales.

Si comparamos el Acuerdo Global original con los nuevos AGM y ACI, podemos observar una transformación significativa de la relación bilateral. Mientras que el marco anterior estaba sustentado principalmente en una concepción tradicional de liberalización comercial, los nuevos instrumentos incorporan aspectos que actualmente resultan indispensables para la competitividad internacional, como la digitalización, la sostenibilidad y la cooperación frente a los retos globales.

En suma, los nuevos acuerdos entre México y la Unión Europea representan mucho más que una actualización técnica. Constituyen un nuevo capítulo de una relación construida durante veinticinco años y que ha demostrado su importancia a través del crecimiento sostenido del comercio y la inversión entre ambas partes. En un entorno internacional marcado por la incertidumbre, las tensiones geopolíticas y la creciente necesidad de diversificar mercados, el AGM y el ACI ofrecen una oportunidad para fortalecer la cooperación, ampliar las condiciones de competitividad y generar nuevas oportunidades de desarrollo para México y la Unión Europea.

Esta perspectiva adquiere particular relevancia si se contrasta con la complejidad que ha acompañado la revisión y eventual prórroga del T-MEC. Mientras que la relación con la Unión Europea avanza hacia una nueva etapa sustentada en la actualización y ampliación de sus instrumentos jurídicos, la integración comercial de América del Norte ha estado marcada por un proceso de revisión mucho más complejo, en el que han prevalecido las tensiones políticas, las diferencias de interpretación y la incertidumbre sobre el futuro del acuerdo.

Ambas experiencias muestran que la solidez de una relación comercial no depende únicamente de la existencia de un marco jurídico adecuado, sino también de la capacidad de las partes para generar condiciones de certidumbre y cooperación que permitan hacerlo efectivo.

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