Comprender este proceso es el objetivo de la Dra. Rebecca Lepping, neurocientífica musical de la Universidad de Kansas. La Dra. Lepping creció en una zona rural de Kansas y su primer contacto con la música fue a través de la interpretación de instrumentos. Comenzó la universidad estudiando piano y flauta. Tras asistir a cursos de psicología, se fascinó por cómo interactúan la música y la mente. La posibilidad de fusionar la música y la psicología despertó su imaginación. Cambió de especialización y obtuvo una licenciatura en Psicología. Dado que en Estados Unidos no existía un título oficial en psicología de la música en ese momento, pasó un año en Inglaterra para obtener una maestría en ese campo. Posteriormente, completó una maestría en interpretación de piano en la Universidad de Missouri. Posteriormente, obtuvo su doctorado en psicología cognitiva en la Universidad de Kansas, donde ahora dirige el Laboratorio del Poder de la Música (PROMUS).
La investigación de la Dra. Lepping destaca que el gusto por la música no es solo una actividad cerebral, sino una experiencia que afecta a todo el cuerpo. En un estudio, ella y su equipo compararon las reacciones de las personas a la música emotiva (en concreto, la música clásica occidental) con sus reacciones a sonidos ambientales emocionales, como el llanto de un bebé. Descubrieron que la música activa regiones del cerebro relacionadas con el movimiento y las sensaciones corporales, mientras que los sonidos ambientales activan principalmente áreas cerebrales relacionadas con el lenguaje. Los investigadores concluyeron que interpretamos los sonidos ambientales emocionales identificando su origen, pero respondemos a la música emotiva sintonizando con las sensaciones y los movimientos que genera en nuestro cuerpo.
El movimiento y los sentimientos son inseparables de la música.
En otras palabras, la música es una experiencia corporal. Implica tanto nuestras respuestas externas, como el movimiento de los pies, como nuestras reacciones físicas y emocionales internas. Esta combinación ayuda a explicar por qué la música se siente tan poderosa y personal.
La enfermedad puede afectar nuestra respuesta a la música.
La Dra. Lepping también estudia cómo la enfermedad afecta la forma en que el cerebro procesa la música. Por ejemplo, ella y sus colegas han demostrado que las personas con depresión mayor responden de manera diferente a la música que las personas sin depresión. En un estudio, examinaron la actividad en la circunvolución cingulada anterior (CCA), una parte del cerebro involucrada en las emociones. Descubrieron que las personas con depresión mostraban menos actividad de la CCA al escuchar música. Su estudio también mostró que las personas deprimidas responden más a los estímulos negativos en general. Estos hallazgos sugieren que la música podría ayudar a reeducar el funcionamiento de la CCA, lo que podría abrir la puerta a tratamientos más favorables y personalizados.
El valor de la música como terapia
Este potencial se conecta directamente con el campo de la musicoterapia. La Dra. Lepping colabora estrechamente con musicoterapeutas, como la Dra. Amy Wilson. La Dra. Wilson, originaria de Oklahoma, describe su formación musical como una combinación de música country y clásica. Su amplia experiencia profesional incluye el trabajo con pacientes en recuperación de accidentes cerebrovasculares, personas en cuidados paliativos y personas con problemas respiratorios crónicos. Tras finalizar recientemente su doctorado en musicoterapia, la investigación de la Dra. Wilson se centra en la estrecha conexión entre la música y la esperanza. Afirma: “La música puede brindar esperanza. La musicoterapia puede brindar esperanza en momentos de pérdida, como después de un accidente cerebrovascular”.
Ambas investigadoras comparten el interés por ayudar a las personas con demencia. Numerosos estudios demuestran que la música puede beneficiar a las personas con demencia, mejorando el estado de ánimo, la memoria o la capacidad de conectar con la vida. Sin embargo, estos estudios suelen utilizar métodos diferentes, lo que dificulta la comparación o reproducción de los resultados. Esta falta de estandarización es un obstáculo importante para demostrar el valor total de la musicoterapia para la demencia.
Para abordar este problema, la Dra. Lepping publicó recientemente un artículo en el que solicita informes más consistentes y estándares más claros para las intervenciones basadas en la música. Mejorar la calidad y la comparabilidad de los estudios de investigación debería ayudar a que el campo avance y respaldar uno de los objetivos más amplios de la Dra. Lepping: que la sociedad valore más la música y que la música sea más valiosa para la sociedad.