
Por Armando Zúñiga Salinas
La relación comercial entre México y Estados Unidos entra en una etapa clave con el inicio de los trabajos preparatorios para la Revisión Conjunta del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). El pasado 5 de marzo, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, y el Representante Comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, anunciaron la primera ronda de discusiones bilaterales que darán forma a este proceso, considerado uno de los momentos más relevantes para la integración económica de Norteamérica en los próximos años.
Ambos funcionarios instruyeron a sus equipos a trabajar en medidas orientadas a garantizar que los beneficios del acuerdo se concentren principalmente entre los socios de la región, reducir la dependencia de importaciones provenientes de otras zonas del mundo, fortalecer las reglas de origen y reforzar la seguridad de las cadenas de suministro. La primera reunión formal está prevista para la semana del 16 de marzo, con encuentros periódicos a partir de entonces para preparar la revisión oficial del acuerdo.
En paralelo, la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) publicó su Agenda de Política Comercial 2026 y el Informe Anual 2025, en los que ubica la revisión del T-MEC como una de las seis prioridades estratégicas de su política comercial. El documento establece que la USTR encabezará el proceso de revisión con interacción bilateral y, cuando sea necesario, trilateral, y que recomendará renovar el tratado únicamente si se resuelven los temas identificados durante el análisis.
El calendario también ya está delineado. La primera revisión conjunta está programada para el 1 de julio de 2026, mientras que cualquier recomendación formal sobre el futuro del acuerdo deberá presentarse antes del 1 de junio de ese mismo año.
Entre los puntos de preocupación señalados por Estados Unidos se encuentran las políticas aplicadas en sectores como energía y minería. El informe sostiene que en México se han implementado medidas preferenciales en áreas como petróleo, gas y electricidad que, según su perspectiva, han afectado a inversionistas estadounidenses. También advierte sobre un deterioro en el clima general de inversión y señala que el marco laboral y su aplicación siguen siendo temas bajo observación.
A ello se suma un objetivo regional más amplio: endurecer las reglas de origen en sectores estratégicos e incorporar mecanismos más estrictos contra la triangulación comercial y la deslocalización de producción fuera de la región. Asimismo, se plantea enfrentar la creciente presencia de inversiones provenientes de economías que no operan bajo reglas de mercado, así como los efectos de la sobrecapacidad industrial global. Para Washington, estos elementos están estrechamente vinculados con su visión de seguridad económica y nacional.
El Informe Anual 2025 también subraya el papel de los mecanismos de cumplimiento dentro del tratado. Estados Unidos documenta la activación del Mecanismo Laboral de Respuesta Rápida, la instalación de paneles de controversia y diversas consultas formales, incluyendo el expediente relacionado con medidas energéticas en México. En ese sentido, la revisión del T-MEC no será únicamente un ejercicio político, sino también una evaluación detallada del marco regulatorio y su aplicación práctica.
Para México, estas observaciones pueden leerse como una señal sobre la necesidad de fortalecer su propio entorno de inversión. La competitividad regional depende cada vez más de contar con reglas claras, seguridad jurídica y condiciones que permitan el desarrollo de proyectos productivos. En particular, el sector energético se ha convertido en un factor clave para la atracción de nuevas inversiones, el aumento del contenido regional y la consolidación de cadenas de suministro en Norteamérica.
El desafío se vuelve más evidente cuando se observan los datos recientes de inversión. En 2025, la inversión fija bruta en México registró una contracción de 6.7%, un indicador que refleja la debilidad del crecimiento potencial. Sin capital nuevo, la expansión productiva, el aumento de la productividad y el fortalecimiento de las cadenas industriales enfrentan límites claros.
Si la región avanza hacia mayores exigencias de contenido regional, trazabilidad y controles comerciales, México necesitará elevar su productividad, impulsar el desarrollo de proveedores locales y mejorar su infraestructura logística. Para ello, será fundamental contar con políticas públicas alineadas con estos objetivos y con un marco regulatorio que facilite la inversión y la ejecución de proyectos.
En este contexto también existen señales positivas que pueden contribuir a fortalecer la relación regional. En febrero se presentó un Plan de Acción entre México y Estados Unidos sobre minerales críticos, enfocado en fortalecer las cadenas de suministro, promover la cooperación regulatoria y técnica, evaluar inversiones estratégicas y coordinar mecanismos comerciales que permitan consolidar un mercado regional más sólido.
Asimismo, los avances en materia de seguridad y la cooperación bilateral en este ámbito comienzan a tener impacto en la operación de corredores logísticos y zonas industriales, factores determinantes para la instalación de nuevas plantas y el desarrollo de parques industriales en distintas regiones del país.
El mensaje de fondo es claro: la mejor defensa del T-MEC es la competitividad. Y la competitividad se sustenta en la inversión productiva, particularmente en la inversión privada que impulsa la incorporación de tecnología, el desarrollo de proveedores, la integración de las MiPyMES a las cadenas exportadoras y la generación de empleo formal.
La revisión del tratado en 2026 será más exigente y tendrá un fuerte componente político. Sin embargo, también representa una oportunidad estratégica para México. Si el país logra aprovechar este proceso para ordenar su agenda interna, fortalecer su marco regulatorio y traducir la integración regional en proyectos productivos concretos, la revisión del T-MEC podría convertirse en un motor de crecimiento. De lo contrario, la región continuará ajustándose, pero la inversión podría buscar nuevos destinos. El tiempo para tomar decisiones es limitado.