Por Armando Zúñiga Salinas
Presidente de Grupo IPS | Presidente de ASUME | Vicepresidente Nacional de Comunicación COPARMEX

En América Latina, pocas ciudades han logrado transformar su modelo de seguridad con la velocidad y profundidad que hoy vemos en São Paulo. En el marco del World Security Congress, tuve la oportunidad de conocer de primera mano el sistema del Centro Integrado de Comando y Control y, particularmente, una de sus iniciativas más disruptivas: la Muralla Paulista.

No se trata únicamente de más cámaras o de mayor presencia policial. La Muralla Paulista representa un cambio de paradigma: pasar de un modelo de seguridad reactivo a uno preventivo, basado en inteligencia, colaboración y tecnología.

De la vigilancia aislada a la seguridad en red

Durante décadas, las ciudades han apostado por fortalecer sus sistemas de videovigilancia como eje central de la seguridad pública. México no es la excepción. El C5 de la Ciudad de México es, sin duda, uno de los sistemas más robustos de América Latina, con una capacidad operativa que ha permitido mejorar la atención de emergencias y la coordinación institucional.

Sin embargo, el gran diferenciador de São Paulo no está en la infraestructura, sino en la arquitectura del modelo.

La Muralla Paulista conecta en una sola red miles de cámaras públicas, privadas y ciudadanas, integrando datos en tiempo real para generar inteligencia operativa. Esto permite no solo reaccionar ante el delito, sino anticiparlo: identificar vehículos sospechosos, rastrear movimientos criminales y activar alertas automatizadas antes de que el delito se consume.

En otras palabras, la seguridad deja de ser un esfuerzo exclusivo del gobierno para convertirse en un ecosistema donde participan empresas, comercios y ciudadanos.

La lección para México: integrar, no duplicar

México ya cuenta con una base sólida. El reto no es empezar de cero, sino evolucionar.

Hoy, miles de empresas, parques industriales, centros comerciales y fraccionamientos cuentan con sistemas de videovigilancia de alta calidad que operan de manera aislada. Esa fragmentación representa una enorme área de oportunidad.

La primera gran lección de la Muralla Paulista es clara: la seguridad del futuro no está en tener más cámaras, sino en conectarlas.

Integrar estos sistemas al C5, bajo protocolos claros de seguridad de la información y respeto a la privacidad, permitiría multiplicar exponencialmente la capacidad de vigilancia e inteligencia del Estado sin necesidad de inversiones desproporcionadas.

Seguridad colaborativa: el rol del sector privado

Desde la perspectiva de quienes formamos parte del sector de la seguridad privada, este modelo valida algo que hemos sostenido durante años: la seguridad privada no es un actor periférico, es un coadyuvante estratégico de la seguridad pública.

La Muralla Paulista demuestra que cuando el sector privado se integra de manera ordenada y regulada, se convierte en un multiplicador de capacidades para el Estado.

En México, donde más de 800 mil personas trabajan en el sector de la seguridad privada, esta integración podría representar un cambio estructural en la manera en que enfrentamos la inseguridad.

Tecnología e inteligencia: el siguiente paso

Otro elemento clave es el uso de tecnología avanzada: reconocimiento facial, lectura de placas, analítica de video e inteligencia artificial. No como herramientas aisladas, sino como parte de un sistema que genera inteligencia en tiempo real.

México ya tiene avances en esta materia, pero el reto es escalar estos modelos y, sobre todo, integrarlos bajo una lógica de prevención.

La pregunta ya no es si debemos incorporar estas tecnologías, sino cómo hacerlo de manera ética, eficiente y coordinada.

Hacia un modelo mexicano de seguridad del siglo XXI

La Muralla Paulista no es un modelo que deba copiarse de manera literal. Cada país tiene su contexto, su marco legal y sus desafíos particulares.

Pero sí ofrece una hoja de ruta clara:

  • Integrar al sector privado en la estrategia de seguridad
  • Conectar sistemas existentes en una red inteligente
  • Apostar por la inteligencia y la prevención
  • Utilizar la tecnología como habilitador, no como fin

México tiene todo para dar ese salto: infraestructura, talento, sector empresarial comprometido y, sobre todo, una urgente necesidad de evolucionar.

La seguridad del siglo XXI no se construye desde la fragmentación, sino desde la colaboración.

Porque al final, la verdadera muralla que necesitamos no es de concreto ni de acero: es una red inteligente que proteja, prevenga y genere confianza.

La seguridad del futuro no se construye con más cámaras, sino con más inteligencia y más colaboración. México tiene todo para dar ese salto.

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