Durante años, el término «edificio inteligente» engloban domótica, internet de las cosas y automatización. Hoy, ese modelo está obsoleto y los proyectos modernos funcionan más como entornos digitales.

Por David Rodríguez Pérez

Los edificios y su funcionamiento se encuentran entre los mayores desafíos climáticos de nuestra era, pero también ofrecen una de las palancas más eficaces para la reducción de emisiones. Si nuestro objetivo es realmente alcanzar las cero emisiones netas, la gestión eficaz del entorno construido es una de las vías más importantes para lograrlo. De acuerdo con datos de la ONU / UNEP, el sector de edificios y construcción consume alrededor de 32% de la energía global y aporta cerca de 34% de las emisiones globales de CO2; la Agencia Internacional de Energía señala además que los edificios representan cerca de 30% de la demanda mundial de energía.

Durante años, el término «edificio inteligente» se refería a un conjunto de dispositivos ingeniosos que comprendían domótica e internet de las cosas, con persianas automatizadas, cámaras y sensores de movimiento. Hoy en día, ese modelo está obsoleto y los edificios inteligentes modernos funcionan más como entornos digitales; ¿qué significa esto?, que en lugar de sistemas aislados que operan de forma independiente, una capa de orquestación central los integra, agregando y coordinando múltiples subsistemas a través de un marco digital unificado.

Los sistemas de iluminación, climatización, monitorización de ocupación y seguridad se comunican ahora mediante marcos de datos compartidos, ajustándose en tiempo real a las necesidades puntuales del inmueble o espacio. Además de esto, la integración de sistemas con inteligencia artificial es fundamental para esta transformación, ya que nos brinda la capacidad de analizar patrones de uso, predecir la demanda y realizar ajustes autónomos. Por ejemplo, una sala de reuniones que suele llenarse a las 10 de la mañana puede climatizarse justo a tiempo, o las luces de una planta poco utilizada del edificio pueden apagarse antes de que se desperdicie energía.

Nada de esto funciona sin una conectividad de alto rendimiento. Se están implementando tecnologías de red avanzadas, como Wi-Fi 7 y 5G privado, para garantizar baja latencia, alta capacidad y seguridad absoluta. Estas redes conforman el sistema nervioso invisible del edificio, transportando los flujos de datos que permiten la optimización continua. Con herramientas como IA un sistema puede darse cuenta que patrones de uso tiene las redes en salas de juntas, auditorios y puede bajar el consumo de energía en base a la necesidad real.

En muchas zonas de la Unión Europea, los edificios inteligentes se consideran cada vez más una infraestructura esencial, en lugar de una innovación opcional. La agencia indica que las optimizaciones con IA derivadas de inversiones estratégicas y con visión a largo plazo para el desarrollo de edificios inteligentes podrían generar ahorros globales de alrededor de 300 TWh de electricidad, equivalente a la generación anual de electricidad que actualmente producen Australia y Nueva Zelanda juntas.

Países como Francia y Alemania han incorporado requisitos de automatización y monitorización a la legislación climática, y la capacidad digital se está convirtiendo en una cuestión de cumplimiento, no solo en un factor diferenciador competitivo.

En el centro de esta transformación se encuentra la Directiva sobre la Eficiencia Energética de los Edificios que aplica por ejemplo en el Reino Unido. Esta legislación exige que todos los edificios nuevos sean de cero emisiones para 2030 y que los existentes sigan el mismo camino para 2050. Lograrlo a gran escala sin sistemas digitales que midan y optimicen continuamente el rendimiento sería prácticamente imposible, lo que significa que, a medida que los Estados miembros incorporen la directiva a su legislación nacional a partir de 2026, se espera que la inversión se intensifique.

Francia ofrece un ejemplo concreto a través de su Decreto BACS, que exige sistemas de automatización y control de edificios en propiedades no residenciales de mayor tamaño. Para 2027, cualquier edificio de este tipo con una potencia superior a 70 kW deberá cumplir con la legislación.

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