Por Armando Zúñiga Salinas
La Copa Mundial de la FIFA no solo se juega en los estadios. También se juega en las calles, los aeropuertos, los hoteles, los centros comerciales, los sistemas de transporte y en la percepción que millones de personas construyen sobre una ciudad y un país.
La Ciudad de México está viviendo uno de los eventos más importantes de su historia reciente. Miles de visitantes nacionales y extranjeros han llegado para disfrutar la fiesta del fútbol, generando una importante derrama económica para hoteles, restaurantes, comercios, servicios turísticos, transporte y cientos de pequeñas y medianas empresas que hoy encuentran nuevas oportunidades de crecimiento.
Sin embargo, detrás de cada visitante que consume, invierte o recomienda un destino existe un factor que pocas veces recibe el reconocimiento que merece: la seguridad.
Durante meses, diversas voces expresaron preocupación por los desafíos que enfrentaría la capital del país. Se hablaba de inseguridad, saturación vial, protestas sociales y posibles afectaciones derivadas de las movilizaciones de la CNTE. La pregunta era inevitable: ¿estaría preparada la Ciudad de México para recibir al mundo?
Los primeros resultados nos permiten afirmar que sí.
La coordinación entre la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México, la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana del Gobierno Federal, la Guardia Nacional, las Fuerzas Armadas, Protección Civil, las autoridades de movilidad y el sector de la seguridad privada ha demostrado que, cuando existe un objetivo común, la suma de capacidades produce resultados extraordinarios.
La seguridad moderna no depende únicamente de la fuerza pública. Requiere inteligencia, tecnología, planeación, logística y una estrecha colaboración entre autoridades y sector privado. El Mundial se ha convertido en un ejemplo de cómo la corresponsabilidad puede traducirse en entornos más seguros para ciudadanos y visitantes.
Miles de elementos de seguridad pública y privada trabajan diariamente para proteger hoteles, centros de hospedaje, corporativos, centros comerciales, zonas turísticas, eventos alternos, sistemas de transporte y espacios de convivencia. Es una operación silenciosa que pocas veces aparece en los titulares, pero que resulta fundamental para que la experiencia de los visitantes sea positiva.
La logística también merece un reconocimiento especial. Mantener la movilidad, coordinar dispositivos de seguridad, garantizar la operación de servicios estratégicos y atender simultáneamente eventos multitudinarios y expresiones sociales representa uno de los mayores retos para cualquier ciudad del mundo.
La Ciudad de México está demostrando que puede hacerlo.
Más importante aún, está enviando un mensaje poderoso a la comunidad internacional: México cuenta con instituciones capaces de coordinarse, responder y organizar eventos de talla mundial.
Este mensaje trasciende al fútbol.
Cada turista que regresa a su país con una experiencia positiva se convierte en un embajador de nuestra ciudad. Cada empresario que observa una operación logística exitosa fortalece su confianza para invertir. Cada medio internacional que reporta una ciudad funcional contribuye a mejorar la reputación de México ante el mundo.
La seguridad no debe entenderse únicamente como una obligación gubernamental. Debe reconocerse como un activo estratégico para la competitividad, el turismo, la inversión y el desarrollo económico.
El Mundial nos está dejando una lección valiosa: cuando autoridades, sociedad y sector privado trabajan en la misma dirección, México puede mostrar su mejor versión.
Todavía quedan importantes desafíos por enfrentar y no debemos caer en triunfalismos anticipados. Sin embargo, los primeros resultados permiten afirmar que la Ciudad de México está aprobando una de las evaluaciones más importantes de su historia reciente.
Y esa victoria, aunque no aparezca en el marcador, también cuenta.
Porque cuando una ciudad logra que millones de personas se sientan seguras, bien recibidas y orgullosas de visitarla, el verdadero triunfo va mucho más allá del deporte.