Recuento de poemas 1950/1993, de Jaime Sabines, Editorial Joaquín Mortiz, 2003, España.
A buenas a primeras, seamos esos amorosos comenzando con uno mismo; es momento de enamorarse conscientemente de usted.
«Los amorosos son los que abandonan, los que cambian, los que olvidan», aunque le sugiero que no se pierda como aquel libro que se posterga, el de Horal; después de todo, nada detiene el paso inexorable del tiempo, que se va desvaneciendo. Ámese sin medida, hágalo libremente con todos sus sentidos e invéntese otros modos que le dicten sus corazonadas. «Su corazón les dice que nunca han de encontrar, no encuentran, buscan». Olvídese de manuales o de técnicas, acéptese tal cual es usted porque «El amor es el silencio más fino, el más tembloroso, el más insoportable»: ¡actúe! Usted decidirá estar preparado para amar a alguien o seguirse amando en esa invaluable soledad, pero no empiece al revés, pues sabemos que no es menester llevarlo así; siendo más selectos, como con aquellas obras literarias que no acarician nuestro ego ni el cerebro ansioso de ejercitarse, para aligerar las dudas y seguir explorando y, a la vez, conociéndose uno mismo. No obstante, nos inquieta buscar para qué nos sirve este libro que le recomiendo en esta edición: Recuento de poemas, 1950/1993, selección que eligió el propio poeta Jaime Sabines.
Uno tiene que emprender una lectura poética, con esa búsqueda en cada verso comunicante; adentrarse en ese majestuoso laberinto lleno de asombro. Uno tiene que acudir a la lectura de sus poemas sin buscar explicaciones: «No pretendo enseñar nada, pretendo únicamente decir lo que me pasa».
Este libro nos ofrece la capacidad de elegir, de un título a otro, aquellos que podrían asociarse con nuestra vida, sin necesidad de perder el hilo del tiempo ni nuestra conciencia, con base en cada una de las experiencias que hemos ido abrevando a lo largo de la vida. «Yo no sé de cierto qué pasa con el tiempo, pero a veces me parece que se detiene a mirarme».
Mientras me detengo en algún verso, llevo a mi boca esos sorbos de poesía para aligerar mi entorno. Bebamos un café poético: Sabines es el mismo café genuino de Chiapas que lo vio florecer, que no necesita endulzarse para saborearlo, pero que debe leerse artesanalmente, en distintas maneras de extracción de cada verso. Se tiene que releer, no solo leyendo el sentido de cada palabra, sino viviéndola como la misma lluvia: sentirla y empaparse al mismo tiempo con nuestras lágrimas, ocultándose a través de un poema con posible título: Yuria.
Esta palabra no significa nada, pero también puede significar mucho cuando descubramos el contexto mismo de este libro, pues el propio Sabines aclaró que él la inventó:
“Para mi libro inventé la palabra Yuria: no quiere decir nada. […] Es todo: es el amor, es el viento, es la noche, es el amanecer. Podría ser también un país: ustedes están en Yuria. O bien una enfermedad: hace tiempo que padecen yuria. Yuria es una copa en la que podrían caber otros poemas. Pero es ésta, con este licor maltratado, la que les ofrece…”.
Lo que no es invento es que soy un adicto al café y, después de varios espressos que me he ido bebiendo día tras día, ya no sé si me lo inventé o es parte de ese efecto poético de escuchar voces, porque déjeme confesarle que recuerdo aquello de que: “Alguien me habló todos los días de mi vida al oído, despacio, lentamente. Me dijo: ¡vive, vive, vive! Era la muerte”.