Por Ángel García-Lascurain Valero, Vicepresidente Nacional de Desarrollo Económico de COPARMEX y Socio Director de TANTUM CONSULTING.
La rápida evolución de la inteligencia artificial está transformando los procesos de trabajo, los modelos de negocio y las capacidades que necesitan las organizaciones. La inteligencia artificial ya ha pasado de la etapa experimental a una fase de integración acelerada.
Para analizar las posibles trayectorias, el Foro Económico Mundial (WEF) llevó a cabo un análisis que intituló: “Cuatro futuros para el empleo en la nueva economía: inteligencia artificial y talento en 2030”, son cuatro escenarios alternativos sobre la adopción de la IA en los próximos años y su impacto sobre el empleo.
El primer escenario, denominado “Progreso superacelerado”, combina avances exponenciales de la IA con una fuerza laboral ampliamente preparada. En este futuro, la actividad económica y las empresas rediseñan sus procesos alrededor de sistemas inteligentes capaces de ejecutar, coordinar y supervisar tareas complejas. La productividad aumenta de manera extraordinaria, aparecen nuevas industrias y se aceleran la innovación y el emprendimiento. Muchas ocupaciones tradicionales desaparecen o reducen considerablemente su alcance, pero al mismo tiempo surgen nuevas funciones. El trabajo humano se desplaza de la ejecución de tareas hacia el diseño, la coordinación y la supervisión de ecosistemas de agentes inteligentes.
El segundo escenario, “La era del desplazamiento”, también supone un avance exponencial de la IA, pero con una fuerza laboral insuficientemente preparada. Los sistemas educativos y de capacitación continúan utilizando enfoques tradicionales y no logran desarrollar las capacidades adaptativas, técnicas y multidisciplinarias que exige una economía dominada por la inteligencia artificial. Ante la escasez de talento, las empresas recurren masivamente a la automatización. La concentración de capacidades tecnológicas en unas cuantas empresas y países intensifica los desequilibrios. El resultado es una economía tecnológicamente avanzada, pero profundamente fracturada desde el punto de vista social.
El tercer escenario, que el WEF denomina como la “Economía del copiloto”, combina un avance gradual de la IA con una fuerza laboral preparada. En lugar de una automatización generalizada, prevalece la colaboración entre las personas y la tecnología. Las organizaciones incorporan herramientas de IA para complementar el conocimiento humano, mejorar la toma de decisiones y acelerar tareas específicas. Las funciones administrativas, repetitivas y analíticas básicas son las primeras en automatizarse. Sin embargo, las personas permanecen en el centro de los procesos y aumenta la demanda de capacidades como la resolución de problemas, el liderazgo, el juicio contextual, la comunicación, la creatividad y el conocimiento especializado.
El cuarto escenario, “Progreso estancado”, combina una evolución gradual de la IA con una fuerza laboral poco preparada. Los avances tecnológicos continúan, pero son costosos, poco frecuentes y difíciles de implementar. La falta de talento especializado, el aumento de los costos de infraestructura y las limitaciones tecnológicas reducen el rendimiento de las inversiones. Las empresas utilizan la IA de manera selectiva, principalmente para automatizar tareas rutinarias, reducir costos o cubrir vacantes que no consiguen llenar. La mayoría de las ocupaciones no desaparece por completo, pero pierde funciones, calidad y oportunidades de desarrollo.
A pesar de sus diferencias, los cuatro escenarios conducen a una misma conclusión: invertir únicamente en tecnología no es suficiente. Las empresas deben integrar sus estrategias de IA, talento, datos y gobernanza en una misma planeación estratégica, con visión de largo plazo. Una organización puede adquirir las mejores herramientas disponibles y, aun así, obtener resultados limitados si no transforma sus procesos, desarrolla las capacidades de sus trabajadores y establece mecanismos de supervisión adecuados.
México probablemente no experimentará uno solo de los cuatro futuros descritos por el Foro Económico Mundial. Lo más factible es que convivan dos realidades: una “economía del copiloto” en grandes empresas, industrias exportadoras y organizaciones digitalizadas, y un escenario de “progreso estancado” en buena parte de las microempresas, el empleo informal y las regiones con menor infraestructura y acceso a capacitación.
Esta división ya es visible. De acuerdo con información del INEGI, en México existen alrededor de 5.5 millones de establecimientos, de los cuales 95.4% son micronegocios. Sin embargo, en 2023 apenas 25.4% de las unidades económicas utilizaba computadora o tableta y solo 26.4% empleaba internet en sus actividades. Entre las organizaciones que sí usaban herramientas digitales, únicamente 2.1% reportó utilizar sistemas de inteligencia artificial. Esto significa que, antes de hablar de una adopción avanzada de IA, una parte considerable del tejido empresarial en nuestro país todavía necesita resolver brechas básicas de digitalización.
El mejor escenario posible para México no consiste en automatizar más rápido que otros países, sino en lograr que la tecnología eleve las capacidades de una proporción mucho mayor de empresas y trabajadores. La decisión estratégica es si la IA servirá para reforzar una economía de bajo costo o para construir una economía de mayor productividad, conocimiento y valor agregado.