Por MUNDO EMPRESARIAL

Hay presupuestos que reflejan lo que un país quiere hacer y otros que revelan aquello que ya está obligado a hacer. El Paquete Económico 2027 pertenece a esta segunda categoría. Más allá de cuánto pretende recaudar o gastar el Gobierno Federal, el verdadero debate está en determinar cuánto espacio queda para que México invierta, produzca y crezca.

La propuesta contempla ingresos presupuestarios por 9.157 billones de pesos, equivalentes a 23.2% del PIB, frente a un gasto neto pagado de 10.515 billones, equivalente a 26.7% del PIB. La diferencia se cubriría, en parte, con financiamiento, que ascendería a 1.479 billones de pesos, equivalentes a 13.9% de los ingresos totales.

Hasta aquí son cifras presupuestarias. La verdadera historia comienza cuando observamos qué ocurre con ellas. México enfrenta una combinación particularmente exigente: una economía que necesita mayor dinamismo, obligaciones públicas que ocupan una parte importante del presupuesto y un costo financiero de la deuda que sigue creciendo. Son dos compromisos de enorme magnitud que reducen el espacio disponible para nuevas prioridades.

La pregunta, entonces, cambia de dimensión: ¿cuánto puede destinar México a construir su futuro después de cubrir las obligaciones que ya tiene?

Porque un presupuesto puede ser financieramente manejable y al mismo tiempo, tener un margen reducido para transformar la capacidad productiva de un país. Identificar precisamente este desafío: avanzar hacia unas finanzas públicas sostenibles y simultáneamente, asignar recursos suficientes para elevar el crecimiento económico. El espacio fiscal está presionado por pensiones, transferencias a estados y municipios y el costo financiero de la deuda.

Uno de los datos más importantes está en la inversión. Para 2027, la inversión física representaría 2.6% del PIB y equivaldría aproximadamente a 67 centavos por cada peso de Requerimientos Financieros del Sector Público. La cifra obliga a hacerse una pregunta incómoda: cuando México recurre al financiamiento, ¿qué proporción de esos recursos termina aumentando realmente la capacidad productiva del país?

La deuda, por sí misma, no es necesariamente un problema. Puede ser una herramienta para financiar infraestructura, energía, agua, transporte, tecnología o proyectos que generen beneficios económicos durante muchos años. El desafío aparece cuando el endeudamiento aumenta más rápido que la capacidad de la economía para generar los ingresos que permitirán pagarlo.

Pero consolidar las finanzas públicas y crecer son dos objetivos que deben avanzar juntos. Hacienda estima que la economía mexicana crecerá entre 1.5% y 2.5% en 2027, con una estimación puntual de 2.05%. El Banco de México contempla un crecimiento de 2%, mientras que la Encuesta Citi del 4 de septiembre ubicaba la expectativa en 1.8%.

Aquí está uno de los grandes retos. México necesita que la economía crezca para ampliar su base de ingresos y necesita ingresos crecientes para financiar sus compromisos sin reducir el espacio destinado a inversión. Los ingresos tributarios representan alrededor de siete de cada diez pesos de los ingresos públicos, por lo que el desempeño de la economía tiene una relación directa con la capacidad recaudatoria del Estado.

La ecuación es sencilla: si la economía crece poco, recaudar más se vuelve más difícil; si los ingresos crecen poco, el espacio para invertir se reduce; y si la inversión productiva pierde fuerza, el crecimiento futuro también se debilita.

México necesita romper ese círculo. El presupuesto tiene que ser mucho más que una herramienta para distribuir recursos. Tiene que convertirse en un instrumento para aumentar la capacidad productiva del país. Una carretera que reduzca costos logísticos. Una red eléctrica que permita instalar nuevas plantas. Agua suficiente para las regiones que quieren atraer inversión. Infraestructura ferroviaria. Seguridad para operar. Educación capaz de formar talento para las industrias del futuro. Ciencia, tecnología e innovación.

Todo eso requiere inversión hoy para producir más mañana. Por ello resulta relevante que el Paquete Económico contemple 560.2 mil millones de pesos para programas prioritarios de inversión. La discusión debería concentrarse en algo más profundo que el monto: cuánto de esa inversión tendrá capacidad real para elevar la productividad, atraer capital y generar empleos de mayor valor.

La preocupación también ha sido planteada desde el sector empresarial. COPARMEX ha señalado que el Paquete Económico 2027 mantiene presión sobre las finanzas públicas y ha llamado a reorientar el gasto para recuperar confianza y destrabar el crecimiento económico.

La coincidencia entre la lectura económica y empresarial merece atención: México requiere disciplina, pero también capacidad para crecer. No se trata de gastar menos por gastar menos. Tampoco de endeudarse más para sostener artificialmente el crecimiento. Se trata de preguntarnos qué genera mayor valor por cada peso público.

El presupuesto también debe mirarse desde la perspectiva de quien invierte. Una empresa decide ampliar una planta cuando encuentra energía, infraestructura, seguridad, talento, certidumbre y condiciones para competir. El Gobierno puede anunciar programas y asignaciones presupuestarias, pero la verdadera prueba está en si esas decisiones consiguen modificar las condiciones en las que opera la economía.

México tiene ventajas que pocos países pueden ofrecer: una posición estratégica frente al mercado estadounidense, una plataforma manufacturera integrada a Norteamérica y la posibilidad de atraer nuevas cadenas de suministro. Pero esa oportunidad requiere infraestructura y productividad.

El nearshoring, por sí mismo, no construye crecimiento. Necesita condiciones que permitan convertir inversión potencial en inversión real. Ahí está el verdadero costo de un presupuesto. No solamente cuánto dinero se recauda. No solamente cuánto se gasta. Tampoco únicamente cuánto se pide prestado. El verdadero costo está en qué dejamos de hacer cuando una parte cada vez mayor de los recursos públicos ya está comprometida.

México necesita proteger sus programas sociales, cumplir sus obligaciones financieras y mantener la estabilidad de sus finanzas públicas. Pero también necesita reservar suficiente capacidad para invertir en aquello que permitirá que la economía sea más productiva mañana. El debate del Paquete Económico 2027 debería partir de esa visión. Porque el éxito de un presupuesto no se mide únicamente por lograr que las cuentas cierren. Se mide por su capacidad de convertir los recursos públicos en mejores condiciones para producir, invertir, trabajar y competir.

México tiene que crecer para ampliar su margen fiscal, pero también necesita utilizar su margen fiscal para crear las condiciones que permitan crecer. La pregunta ya no es cuánto puede gastar México. La pregunta verdaderamente importante es cuánto puede invertir hoy para tener más capacidad de crecer mañana.

Y esa es, quizá, la discusión que el país necesita tener antes de aprobar un solo peso.

Compartir en:​