La vivienda vertical evoluciona en México con proyectos que priorizan el bienestar, la eficiencia energética, el diseño biofílico y la integración con la naturaleza para responder al crecimiento de las ciudades.

Por Deyanira Vázquez                  

La vivienda vertical atraviesa una etapa de transformación en México. Si durante años el principal objetivo fue aprovechar mejor el suelo urbano y contener la expansión de las ciudades, ahora desarrolladores, arquitectos y urbanistas impulsan un modelo que busca combinar densificación con bienestar, sostenibilidad y una mejor relación entre las personas y el medio ambiente.

El crecimiento de las zonas metropolitanas, la demanda de vivienda cercana a los principales centros económicos y la necesidad de utilizar de manera más eficiente la infraestructura existente mantienen vigente la construcción de edificios habitacionales. Sin embargo, especialistas del sector coinciden en que el éxito de estos proyectos ya no puede medirse únicamente por el número de departamentos o la altura de las torres, sino por la calidad de los espacios que ofrecen a sus habitantes.

La evolución del concepto también responde a cambios en la forma de habitar las ciudades. Después de la pandemia de COVID-19, el hogar adquirió nuevas funciones al convertirse en espacio de trabajo, convivencia, descanso y recreación, lo que elevó la importancia de factores como la iluminación natural, la ventilación, el confort acústico, las áreas verdes y los espacios comunes.

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