“El Contrabajo” de Patrick Süskind, Seix Barral, 2005, España.
Acudiendo como un Odiseo a su morada sin su Penélope: ¿A dónde acudo para preñar un musical verso, y hallarme en una respuesta? Se preguntó aquel hombre que estaba abrazando un “objeto” más grande que su sombra, y seguía en su pentagrama: “Necesito siempre a una mujer que no pueda conseguir. Pero así como no la conseguiré a ella, no necesitaré tampoco a ninguna otra”, de repente, lleva a su boca con sutileza, una taza de café, aflorando un extraño sonido al sorber ese líquido… Ya se había creado una afable conversación de una posible y extraña partitura -habrá ocasiones que sean encuentros con personas o con uno mismo, pero también con algunos objetos, como el que voy a referir en un momento. La naturaleza nos ofrece a cada instante un concierto -ya seamos espectadores o algún músico con riesgo a desafinar como la vida misma; sin embargo, tuve la elegante ocasión, de apreciar unos sonidos asombrosos de un instrumento musical, el más grande y grave de la familia de las cuerdas frotadas: El Contrabajo, y así mismo, es el título del libro que les recomiendo, del autor Patrick Süskind; con interpretación de Serge Koussevitzky “Concierto para Contrabajo en Fa sostenido menor”: aquel mágico sonido me inundó y a la vez me rescató, lo que mis ojos no logran conectar del hechizo natural de una dama, pero sí de una bella melodía que se aloja en mi aprecio y me pierdo en el olvido, aunque me anclo seguro de un fuerte aroma de un excelso café, que por añadidura lleva el nombre de: Helena Café; donde me evoca a aquella Helena de Troya en esos místicos mares extraviados con el apuesto Paris; aunque me conformo en la realidad con el oleaje sereno y atento de quienes me reciben con una taza de un buen café espresso que no traiciona al paladar, naturalmente capitaneado por el barista Alejandro Escobar. Hagamos honor a Patrick Süskind, llevando esa atenta lectura como una melodiosa bebida, y estar presenciando la esencia misma del concierto humano, aunque no se presenten los músicos, seamos esa música de aplausos para aquel hombre solo, que se prepara para brindarnos lo mejor interpretación de su vida porque quizás sea la última, como yo quien la sugiere, como usted quien la lee… Este libro es para todos nosotros quienes seamos músicos de la lectura y bohemia; en especial a ese ser humano que me encontré en la cafetería y que llevaba ese “objeto” como una metáfora del mismo libro: El Contrabajo, ese instrumento musical de Süskind que no permitamos que deje de escucharse en una lectura en voz alta, y al mismo compositor Sergio Hernández, quien tiene una gran sensiblidad para interpretar y componer aquella música que no desafina para aquellos oídos de espíritu; así sirva este libro de Patrick Süskind: El Contrabajo, para cada uno de nosotros que no quiera leer o escuchar lo que hace ese instrumento que no puede prescindir y es como nuestro guía espiritual para seguir confiando en nosotros mismos, aunque no aprueben lo que creamos en nuestros sueños y propósitos. “A veces tocamos pasando por alto al director sin que él se dé cuenta. Le dejamos dar pinceladas en el aire hasta que se cansa, mientras nosotros pateamos el suelo con las botas”. Hoy en día, estamos tan contaminados por doquier. “No haga caso al roce. Tiene que oírse. Un tono puro, es decir, sólo la vibración sin el roce del arco, no existe en todo el mundo”. ¿Acaso no vale la pena esforzarnos cada día de nuestros contados días aún estando en el suelo? Seamos como aquel que lleva el contrabajo “somos los que hemos de rendir el esfuerzo máximo”. ¿Acaso será imposible buscar aquella dama y crear lo que ya parece olvidado en ese “objeto” extraño llamado “diálogo”?