Por Janette Rodríguez

CEO de DIA1 y Executive Director de la Cámara de Comercio México–Estados Unidos, Capítulo Aguascalientes.

El nearshoring es, efectivamente, una oportunidad estratégica. Pero solo para quienes estén en condiciones de convertirla en una ventaja real.

El nearshoring se ha convertido en uno de los temas centrales del entorno empresarial mexicano. La relocalización de cadenas productivas, impulsada por tensiones geopolíticas y la cercanía con Estados Unidos, colocó a México en el radar global. Sin embargo, el optimismo no siempre significa preparación.

Asumir que el nearshoring es una ventaja automática sería un error. La oportunidad existe, pero no se materializa solo por ubicación geográfica o discurso. Depende de capacidades reales: talento calificado, liderazgo sólido, infraestructura funcional, proveedores integrados y ejecución con estándares internacionales.

La llegada de inversión no garantiza desarrollo sostenible. Puede mejorar indicadores, pero no necesariamente fortalecer la estructura económica. El mayor riesgo no es perder inversión, sino recibirla sin estar listos para sostenerla.

En distintos corredores industriales ya se observan señales de presión: alta demanda de talento sin suficiente oferta, infraestructura saturada, empresas creciendo sin rediseñar su estructura interna y mayores retos para mantener calidad y consistencia. Son tensiones que pueden erosionar la competitividad.

La competitividad no se define por la llegada de capital, sino por la capacidad de responder a él. Algunas regiones y empresas cuentan con mejores condiciones; otras operan con modelos que hoy muestran límites frente a nuevas exigencias. El nearshoring no eleva automáticamente al ecosistema: lo expone.

Para el empresariado, esto implica cambiar la visión. Más que una ola que arrastra a todos, el nearshoring funciona como un filtro que selecciona. No todas las compañías capitalizarán la oportunidad: algunas crecerán, otras quedarán rezagadas.

La clave será evaluar fortalezas, cerrar brechas y fortalecer estructuras antes de escalar. También entender que México no compite como bloque homogéneo: cada región enfrenta condiciones distintas en infraestructura, conectividad y capital humano.

El nearshoring sí representa una oportunidad estratégica, pero solo para quienes puedan convertirla en ventaja real. Para el resto, puede quedar como una narrativa inflada. La diferencia no estará en el discurso, sino en la capacidad.

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