Por MUNDO EMPRESARIAL

El Mundial 2026 ya comenzó. México volvió a hacer historia al convertirse en el primer país en inaugurar tres Copas del Mundo y al recibir el partido inaugural del torneo más grande que haya organizado la FIFA. El triunfo de la Selección Mexicana en el arranque fue importante, pero el verdadero partido apenas comienza: el de la reputación, la inversión, el turismo y la confianza internacional.

La edición 2026 representa una dimensión nunca antes vista. Por primera vez participan 48 selecciones, se disputan 104 partidos y la competencia se desarrolla en 16 ciudades de tres países. México alberga 13 encuentros en Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, convirtiéndose nuevamente en una de las vitrinas más observadas del planeta.

Las cifras ayudan a dimensionar la magnitud de la oportunidad. Diversas estimaciones apuntan a una derrama económica superior a los 2,700 millones de dólares y a la generación de más de 100 mil empleos temporales. Asimismo, autoridades y especialistas han proyectado la llegada de millones de visitantes durante el torneo, con un impacto directo en hotelería, restaurantes, transporte, comercio, entretenimiento y servicios profesionales.

Sin embargo, el verdadero legado del Mundial no se medirá únicamente en ingresos de corto plazo. La gran oportunidad consiste en fortalecer la marca México.

Un reciente análisis de The Economist planteó que el torneo pondría a prueba la capacidad del país para enfrentar desafíos relacionados con seguridad, movilidad, infraestructura y gobernabilidad. La observación merece atención, pero también invita a una reflexión más amplia: cuando el mundo observa a México, también observa su talento, su capacidad organizativa, su fuerza empresarial y su potencial económico.

Desde la perspectiva de MUNDO EMPRESARIAL, existen cuatro lecciones que el empresariado mexicano debe tener presentes durante las próximas semanas.

La primera es que la percepción internacional importa tanto como la realidad económica. México se ha consolidado como uno de los principales beneficiarios del nearshoring y como el principal socio comercial de Estados Unidos en diversos periodos recientes. Sin embargo, las inversiones no llegan únicamente por indicadores económicos; también llegan por confianza. Cada experiencia positiva que viva un visitante, inversionista o periodista internacional contribuirá a fortalecer la imagen del país.

La segunda es que la infraestructura y la coordinación son parte del espectáculo. Aeropuertos, carreteras, hoteles, telecomunicaciones, plataformas digitales, servicios financieros y sistemas de movilidad están siendo evaluados por millones de usuarios en tiempo real. Para muchas empresas mexicanas, el Mundial representa una auditoría global de capacidad operativa.

La tercera es que la seguridad también es una variable económica. La confianza genera turismo, atrae inversión y promueve consumo. Por ello, cada esfuerzo exitoso de coordinación entre autoridades, empresas y sociedad civil debe verse como una inversión en competitividad nacional y no únicamente como una medida de protección.

La cuarta es que el sector privado tiene la posibilidad de convertirse en protagonista del legado del Mundial. El torneo ofrece una plataforma única para mostrar innovación, hospitalidad, sostenibilidad, talento humano y calidad de servicios. Lo que está en juego no es solamente la derrama económica de unas cuantas semanas, sino la posibilidad de generar relaciones comerciales, inversiones y oportunidades que perduren durante años.

Conviene además poner los desafíos en perspectiva. México no es un país improvisado en la organización de grandes eventos internacionales. Fue sede olímpica en 1968, organizó exitosamente los Mundiales de 1970 y 1986 y hoy cuenta con una economía mucho más integrada, una infraestructura empresarial más robusta y una posición estratégica dentro de América del Norte. De hecho, esta Copa del Mundo vuelve a colocar a México en un lugar histórico: el de ser el primer país en albergar partidos mundialistas en tres ediciones distintas.

Por ello, en MUNDO EMPRESARIAL creemos que la conversación no debe centrarse únicamente en los riesgos. El reto consiste en aprovechar la exposición global para mostrar un México moderno, competitivo, innovador y abierto al mundo.

Millones de personas están observando nuestras ciudades, nuestras empresas y nuestra capacidad de organización. Algunos llegarán buscando confirmar estereotipos. Nuestra tarea es que regresen hablando de innovación, profesionalismo, hospitalidad y oportunidades de negocio.

El Mundial ya comenzó. Ahora corresponde a México aprovechar cada minuto para demostrar que, además de ser una gran sede deportiva, es una gran nación para invertir, emprender y crecer. Porque los partidos terminarán en unas semanas; las oportunidades que surjan de ellos pueden durar décadas.

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