Armando Zúñiga
Vicepresidente Coparmex Nacional / Consejero del CCE, CONCAMIN, Presidente de ASUME y Grupo IPS
El partido entre México y Portugal en el Estadio Ciudad de México no fue únicamente un espectáculo deportivo de alto nivel, sino un ensayo operativo de escala internacional rumbo a la Copa Mundial de la FIFA 2026. Más allá del resultado en la cancha, el verdadero protagonista fue el despliegue de seguridad, que dejó ver avances significativos en la capacidad del país para gestionar eventos masivos bajo estándares globales.
Este encuentro marcó un punto de referencia en materia de ejecución. La coordinación entre autoridades y empresas de seguridad privada permitió garantizar un entorno ordenado, controlado y seguro, alineado con los lineamientos de la FIFA, que establece esquemas de gestión integral de riesgos basados en anillos de control, segmentación de flujos, filtros de acceso y protocolos de reacción inmediata.
Uno de los elementos más relevantes fue la sincronización entre todos los actores involucrados. La operación evidenció que la seguridad del futuro no puede depender de esfuerzos aislados, sino de una visión colaborativa donde confluyen inteligencia, capacidad operativa y experiencia en campo.
Desde la perspectiva del sector de seguridad privada, con más de tres décadas de evolución en México, su papel ha dejado de ser complementario para convertirse en un pilar estratégico. En eventos de esta magnitud, su participación resulta esencial para garantizar la protección de asistentes, infraestructura y operación en tiempo real.
El reto hacia 2026 es mayúsculo. México será anfitrión de uno de los eventos más exigentes a nivel global, en un contexto donde la percepción de seguridad sigue siendo un factor crítico. Por ello, cada ejercicio previo representa una oportunidad invaluable para perfeccionar procesos y elevar estándares.
La tecnología se posiciona como un componente clave en este nuevo modelo. Sistemas de videovigilancia inteligente, analítica de comportamiento, controles biométricos de acceso y plataformas de monitoreo en tiempo real permiten anticipar riesgos antes de que se materialicen. Integradas en centros de comando y control, estas herramientas transforman la operación: se pasa de una lógica reactiva a una preventiva, característica fundamental de los operativos de clase mundial.