
Sobre la brevedad de la vida. De Lucio Anneo Séneca, Editorial Alianza, 2018, España.
“Aprender a vivir es un proceso constante e ininterrumpido que dura toda la vida, al igual que aprender a morir”. De tal manera me invita a la reflexión, -incitada por la observación innecesaria- de quienes visitan en particular, el café que suelo frecuentar, sin dejar de mencionar mi rutinaria asistencia: deleitarme de unos buenos cafés espressos, que a veces desatiendo por el sorbo prolongando de mi ausencia, a causa de beberme en una cálida discusión existencial; llevar a cabo una ingeniosa lectura, que se torna luego desastroza, por estar atento a otras lecturas de la ociosidad y/o sostener una partida de ajedrez que suele darme grandes lecciones cuando me supera mi adversario, y me distraigo en insistir en triunfar cuando el enemigo es uno mismo: Así los clientes que asisten a esta cafetería, unos se anclan en las mesas con discusiones interminables y la lucha de egos empequeñece la mesa de convivir armoniosamente, y sólo aflora la esperanza, cuando acuden al sanitario y les recuerda el organismo que es sano fluir sin desperdiciar la vida misma. Sin desperdiciar ningún grano de tiempo, les convido que cerremos ciclos e iniciemos este nuevo año 2026, para seguir avanzando conforme los vaya guiando e inspirando este ejemplar: “Sobre la brevedad de la vida” de nuestro Lucio Anneo Séneca; sea pues emprender un diálogo con él mismo y a la vez una introspección, pues el tiempo apremia, y éste es un ejemplar esencial en nuestra vida personal, académica, laboral, profesional y de pareja. “Así es: no se nos da una vida corta, sino que la acortamos, y no estamos mal abastecidos sino que la desperdiciamos… La vida es larga si sabes cómo usarla”. Ninguna página es desperdicio de tiempo ya que aborda una de las quejas humanas: la percepción -y falsa creencia- de que la vida es corta. Séneca nos advierte que la vida no es breve -como algunos piensan-, sino que uno la abrevia en la inutilidad, y la desperdiciamos equivocadamente. Adviértase que esta obra indirectamente está dirigida para aquellos que malgastan su tiempo en búsquedas vanas como la acumulación de riquezas -aunque el dinero es nuestro amigo- vale más apostarle a la riqueza espiritual; también la ambición política, los vicios o el ocio. Séneca argumenta: “Somos avaros con nuestra fortuna, pero generosos con nuestro tiempo”, un recurso que, a diferencia del dinero, es finito e irrecuperable. Séneca satiriza a aquellos que, tras alcanzar sus logros externos, prescindieron de vivir y construir su desarrollo interior. El tema medular es el tiempo, en saber aprovecharlo al máximo: reflexiona sobre el pasado, vive el presente con propósito y se prepara para la muerte sin miedo. “La mayor rémora de la vida es la espera del mañana y la pérdida del día de hoy”. Sea honorable precisar, que la sabiduría sea guiada por la razón. “Nadie restituye los años, nadie devuelve a la persona a sí misma; la vida sigue su curso mientras se está ocupado”. En torno a la búsqueda y compresión de la brevedad de la vida, es un texto que se tiene que releer y además de compatir con nuestros seres queridos, pues es de vital relevancia, considerar que sea de nuestras prioridades y sostener una buena relación con ese reloj de arena. Séneca nos invita a enfozar nuestra vida para empezar a “vivir”, abrazando una vida con significado y darle sentido. La obra no es un lamento por la finitud humana, sino un manual para liberarse de lo superfluo y aprovechar al máximo la existencia. “Así es: no se nos da una vida corta, sino que la acortamos, y no estamos mal abastecidos, sino que la desperdiciamos… La vida es larga si sabes cómo usarla”.