Con apoyo y extractos del libro I Need a Job! de Gary Burnison
Por Perla Ruiz, Korn Ferry
“Aunque tú eres una optimista… yo no lo soy. Tal vez esa sea la esencia de la esperanza: quienes menos la tienen son precisamente quienes más la necesitan y desearían poseerla.
Estas fueron las palabras que un ejecutivo compartió conmigo recientemente. Su reflexión invita a plantear preguntas fundamentales sobre la naturaleza de la esperanza: ¿quién la genera y quién la recibe?, ¿y en qué espacios podemos fortalecerla y promoverla?
La esperanza no debe entenderse como un sustantivo, sino como un verbo. Es una expresión de voluntad y propósito, no simplemente un deseo. Más allá de una emoción, la esperanza es una capacidad que puede construirse y fomentarse, particularmente en quienes tienen dificultades para encontrarla por sí mismos.
Este principio es, en esencia, el fundamento del liderazgo. Liderar implica acompañar —emocional y, en ocasiones, de manera tangible— a las personas: desde quienes mantienen una visión optimista hasta quienes se muestran escépticos o cautelosos, para ayudarlas a comprender su situación y avanzar hacia un nuevo estado.
No obstante, para liderar a otros —ya sea a quienes están en búsqueda de dirección o a quienes simplemente procuran mantenerse a flote— es indispensable comenzar por liderarnos a nosotros mismos. Resulta prácticamente imposible impulsar la transformación de un equipo o una organización sin antes emprender una transformación personal.
En este proceso, la esperanza no representa un punto final, sino una energía constante que nos inspira a contribuir más a los demás, mientras reflexionamos, reajustamos y nos renovamos”. Gary Burnison.
Reflexión
El liderazgo comienza con el individuo, pero es un acto colectivo.
Reflexionar es el punto de partida del liderazgo auténtico; implica detenerse para evaluar no solo qué hacemos, sino por qué y para quién lo hacemos. En un contexto corporativo, reflexionar significa:
- Revisar nuestras decisiones, comporta-mientos y supuestos.
- Entender el impacto que tenemos en otros: equipos, pares, clientes y la organización en su conjunto.
- Cuestionar si nuestras acciones están alineadas con los valores, el propósito y la cultura que decimos promover.
No se trata de una introspección pasiva, sino de una revisión honesta que permite identificar brechas entre la intención y el resultado.
Reajuste: traducir reflexión en acción
La reflexión, por sí sola, no transforma. El reajuste es el momento en que el liderazgo se convierte en acción deliberada. Nos adaptamos, orientándonos hacia una mentalidad de servicio y contribución.
Reajustar implica:
- Modificar prioridades, estilos de liderazgo o modelos de toma de decisiones.
- Evolucionar de un enfoque centrado en el control hacia uno basado en el servicio, la habilitación y la colaboración.
- Alinear comportamientos con las necesidades reales del entorno, no con prácticas heredadas.
En términos organizacionales, reajustar supone aceptar que lo que funcionó en el pasado puede no ser suficiente hoy. Es una señal de madurez, no de debilidad. Los líderes que reajustan con intención envían un mensaje poderoso: están dispuestos a aprender, adaptarse y poner a las personas en el centro.
Este reajuste requiere disciplina y humildad, ya que implica desaprender, escuchar con mayor atención y actuar con un propósito más claro. Es aquí donde el liderazgo se manifiesta no solo en lo que se dice, sino en lo que se hace de manera consistente.
Renovación
La evolución nunca concluye; la pregunta clave es si estamos comprometidos con un proceso continuo de mejora. Este compromiso es una fuente permanente de resiliencia y aprendizaje.
No se trata únicamente del pasado ni del presente, sino de una visión orientada al futuro.
Y, por encima de todo, se manifiesta a través de la empatía y la consideración hacia los demás.
Estos tres ejes representan un ciclo continuo de liderazgo consciente. No son etapas aisladas ni secuenciales, sino prácticas permanentes que permiten a los líderes mantenerse relevantes, humanos y efectivos en cualquier circunstancia.
El compromiso con la renovación no es una aspiración abstracta; es una guía que se adapta e implementa constantemente, tanto en los escenarios críticos como los desafíos cotidianos.