Por Jesús Padilla Zenteno

Hace 21 años la Ciudad de México tomó una decisión que cambiaría para siempre su manera de moverse.

Hoy, cuando vemos autobuses articulados recorriendo avenidas emblemáticas, estaciones integradas al paisaje urbano y millones de personas utilizando diariamente el sistema, resulta fácil olvidar que la creación de Metrobús representó mucho más que la incorporación de una nueva tecnología de transporte.

Lo verdaderamente trascendente fue la construcción de una nueva forma de entender la movilidad urbana.

Durante décadas, el crecimiento de la ciudad estuvo acompañado por modelos de transporte que respondían a realidades distintas. La expansión acelerada de la mancha urbana, el incremento constante de la demanda de viajes y las limitaciones presupuestales obligaron a buscar soluciones que permitieran mantener conectada a una de las metrópolis más grandes del mundo.

A principios de este siglo, la Ciudad de México enfrentaba una oportunidad histórica: modernizar su transporte público sin excluir a quienes durante años habían prestado el servicio.

La reciente reflexión realizada por la presidenta Claudia Sheinbaum sobre el origen de Metrobús recuerda precisamente uno de los aspectos más importantes de aquella transformación. El desafío no consistía únicamente en sustituir vehículos o construir infraestructura; implicaba encontrar la manera de incorporar a cientos de concesionarios a un modelo empresarial que profesionalizara la operación y permitiera construir un sistema más eficiente, seguro y sostenible.

Esa decisión cambió muchas cosas, tanto la forma de gestionar el transporte público, como la relación entre operadores, autoridades y usuarios, además de la lógica bajo la cual se prestaba el servicio.

Y, sobre todo, permitió demostrar que era posible construir acuerdos de largo plazo para beneficio de la ciudad.

Con el paso de los años, los resultados han sido evidentes. Metrobús no sólo se consolidó como uno de los sistemas BRT más importantes de América Latina; también se convirtió en un referente para numerosos proyectos de movilidad desarrollados en otras ciudades mexicanas.

Sin embargo, quizá uno de los logros menos visibles sea haber contribuido a una transformación cultural sobre el papel que desempeña el transporte público en el desarrollo urbano.

Las grandes ciudades no pueden aspirar a resolver sus problemas de movilidad mediante la expansión indefinida del automóvil particular. La experiencia internacional demuestra que las metrópolis más competitivas son aquellas que logran ofrecer sistemas de transporte público eficientes, accesibles, confiables y ambientalmente sostenibles, dirección hacia la cual ha avanzado la Ciudad de México.

El fortalecimiento del Metro, la expansión de los trolebuses, la construcción del Cablebús, los nuevos sistemas ferroviarios y el propio desarrollo de Metrobús forman parte de una misma visión: colocar a las personas en el centro de las decisiones de movilidad.

Pero el aniversario número 21 no debe ser únicamente una ocasión para celebrar los avances alcanzados. También debe ser una oportunidad para reflexionar sobre los desafíos que tenemos por delante.

La transición hacia energías limpias, la electrificación de las flotas, la digitalización de los sistemas operativos y el uso inteligente de la información están redefiniendo la forma en que se prestan los servicios de transporte en todo el mundo, los cuales se mueven hacia una nueva revolución tecnológica.

En ese contexto, Metrobús cuenta con una ventaja fundamental: su capacidad de adaptación, ya que a lo largo de dos décadas ha demostrado que puede evolucionar, incorporar nuevas tecnologías y responder a necesidades cambiantes sin perder la esencia que le dio origen.

Por ello, resulta razonable pensar que la siguiente gran transformación del sistema será la consolidación de la electromovilidad.

No se trata únicamente de sustituir motores diésel por motores eléctricos. Se trata de construir un nuevo ecosistema operativo, financiero y tecnológico que permita reducir emisiones, mejorar la eficiencia energética y ofrecer una mejor experiencia a millones de usuarios.

La magnitud del reto es considerable, pero también lo son las capacidades acumuladas durante estos 21 años.

La experiencia demuestra que cuando autoridades, operadores, especialistas y sociedad trabajan con objetivos compartidos, los cambios son posibles y, la historia de Metrobús es, en buena medida, la historia de esa colaboración.

Por eso, más que mirar el aniversario como la conclusión de una etapa, conviene entenderlo como el inicio de la siguiente. Es decir, si hace 21 años la ciudad apostó por transformar su movilidad, hoy tiene la oportunidad de volver a hacerlo.

Porque las ciudades que se atreven a evolucionar son las que construyen mejores oportunidades para las generaciones futuras.

Acerca del autor

Jesús Padilla Zenteno es director general de Grupo CISA, uno de los principales grupos de movilidad y transporte urbano de México. Fundador de la Asociación Mexicana de Transporte y Movilidad (AMTM) y promotor del Congreso Internacional de Transporte, ha ocupado posiciones de liderazgo en organismos nacionales e internacionales como la Unión Internacional de Transporte Público (UITP), Coparmex y la Cámara de Comercio de la Ciudad de México.

Compartir en:​