Abigail Valladares, deportista de alto rendimiento en equitación y estudiante de psicología, plantea que la disciplina —y no la motivación— es el verdadero eje que sostiene los procesos de alto rendimiento, tanto en el deporte como en la vida cotidiana.

Desde su experiencia como atleta, Valladares señala que la motivación, aunque útil como punto de partida, es un estado inestable que depende de factores emocionales y biológicos, por lo que no puede ser la base de un proceso sostenido.

“Si te riges únicamente por cómo te sientes, es fácil elegir lo inmediato o lo cómodo, en lugar de lo que realmente construye”, explica.

En contraste, define la disciplina como la capacidad de actuar incluso en ausencia de ganas, pero desde la claridad y no desde la autoexigencia destructiva. También subraya la importancia de diferenciar entre descanso y evasión, dos conceptos que suelen confundirse.

Uno de los aprendizajes más relevantes en su formación deportiva surgió durante un entrenamiento particularmente complejo con su caballo, Lipsy, en un momento de agotamiento físico y mental. Aunque reconoce que no fue una sesión exitosa, destaca su valor dentro del proceso.

“No fue un buen entrenamiento, pero fue un día necesario”, afirma.

A partir de este tipo de experiencias, Valladares sostiene que el alto rendimiento no se define en los momentos donde todo fluye, sino en la capacidad de mantenerse constante incluso en condiciones adversas.

En ese sentido, identifica tres elementos clave en cualquier proceso de desarrollo: la relevancia de la mente, el peso de la constancia por encima del talento y la importancia de comprender antes que forzar.

Dentro de la equitación, estos principios se vuelven evidentes, ya que —explica— el caballo funciona como un reflejo inmediato del estado interno del jinete.

“No puedes fingir estabilidad, ni simular conexión. Si estás desconectado o tenso, el caballo lo refleja”, señala.

Por ello, considera que esta disciplina va más allá de lo técnico, convirtiéndose en un ejercicio constante de coherencia entre pensamiento, emoción y acción.

Finalmente, Valladares concluye que la disciplina no implica hacer más por inercia, sino sostener procesos incluso cuando no resultan cómodos, sin perder la capacidad de escuchar y ajustar.

“La motivación puede iniciar algo. Pero lo que realmente define un proceso es quién decides ser cuando ya no está”, concluye.

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