“Nunca vi el transporte únicamente como un negocio. Lo entendí como un servicio que determina la calidad de vida de millones de personas” Jesús Padilla.

Durante décadas, el transporte público fue visto como un problema, es decir, un servicio asociado a la informalidad, la congestión y la falta de planeación. Sin embargo, Jesús Padilla Zenteno decidió abordarlo desde otra perspectiva. Donde muchos veían un sector acomplejo, él encontró la posibilidad de construir empresas, profesionalizar una industria y demostrar que la movilidad también puede convertirse en una herramienta de desarrollo económico y cohesión social.

Hoy, después de más de tres décadas impulsando la transformación del transporte público en México, comparte las ideas que han guiado su trayectoria y la visión con la que imagina las ciudades del futuro.

Mundo Empresarial (ME).- El transporte público fue durante décadas sinónimo de desorden e informalidad. ¿En qué momento decidió convertir ese problema en un proyecto empresarial de largo plazo?

Jesús Padilla Zenteno (JPZ).- Nunca vi el transporte únicamente como un negocio. Lo entendí como un servicio que determina la calidad de vida de millones de personas. Cuando un sistema funciona mal, no sólo retrasa los viajes; limita oportunidades de empleo, educación y desarrollo.

Muy pronto comprendí que el verdadero problema no eran los operadores ni los concesionarios, sino un modelo que obligaba a competir por el pasajero en lugar de competir por ofrecer un mejor servicio. Ahí nació la convicción de construir empresas profesionales, capaces de sustituir la lógica individual por una visión empresarial con responsabilidad social y de largo plazo.

Profesionalizar el transporte significaba mucho más que sustituir autobuses, ya que implicaba transformar un modelo de negocio construido sobre la concesión individual y evolucionarlo hacia empresas. Esa visión es la que ha permitido que Grupo CISA participe en la evolución del transporte público en México, desde el nacimiento del Metrobús hasta la incorporación de corredores eléctricos y modelos empresariales cada vez más sofisticados.

ME.- Usted eligió un sector regulado, complejo y políticamente sensible. ¿Qué encontró ahí que otros prefirieron evitar?

JPZ.- Los grandes desafíos también representan las mayores oportunidades para generar valor.

Nunca me atrajo un mercado cómodo. Me interesó un sector donde una buena decisión pudiera cambiar la vida cotidiana de millones de personas. El transporte obliga a dialogar con gobiernos, empresarios, usuarios, instituciones financieras y organismos internacionales. Esa complejidad es precisamente lo que hace posible construir soluciones duraderas para construir instituciones capaces de sostener sistemas de movilidad al enfrentar desafíos técnicos, financieros, regulatorios y sociales que sólo pueden resolverse con visión de largo plazo.

ME.- Se habla mucho de innovación tecnológica. Sin embargo, usted suele insistir en que la verdadera transformación empieza por las personas.

JPZ.- Absolutamente. La tecnología nunca sustituye a la cultura. Puedes incorporar los mejores autobuses eléctricos o las plataformas digitales más avanzadas, pero si las personas siguen pensando igual que hace treinta años, nada cambia.

Toda transformación comienza por generar confianza, explicar el propósito, escuchar y demostrar que el cambio beneficia a todos. La tecnología acelera la transformación y también significa dignificar a quienes hacen posible el servicio todos los días. Ningún sistema será sostenible si el operador continúa enfrentando jornadas precarias, incertidumbre laboral o falta de reconocimiento. La calidad del transporte comienza por escuchar sus necesidades y cuidar su bienestar al tomar decisiones.

ME.- Usted ha dicho que comunicar también es transformar. ¿Qué papel juega la comunicación en ese proceso?

JPZ.- Aprendí que la comunicación no sirve únicamente para informar decisiones; sirve para construir confianza antes de tomarlas. Desde la alta dirección debemos establecer canales adecuados de comunicación para informar las decisiones que se toman en todos los niveles y grupos de interés. Muchas veces la sociedad observa únicamente el vehículo nuevo, pero nosotros debemos explicar todo lo que ocurre detrás, como son aspectos tales como el financiamiento, el mantenimiento, la capacitación, la seguridad, la tecnología y establecer contratos que hagan viable el servicio durante los siguientes veinte años.

ME.- A lo largo de su trayectoria ha construido acuerdos con gobiernos de distintas corrientes políticas y con organismos internacionales. ¿Cómo se logra sin perder independencia?

JPZ.- Negociar no significa renunciar a los principios, sino encontrar coincidencias sin perder de vista el propósito.

He trabajado con cinco administraciones distintas en la Ciudad de México y con gobiernos de diferentes partidos, también en los estados donde operamos e incluso en los municipios, ya que las ciudades necesitan un buen transporte sin importar quién gobierne.

Asimismo, con los años he confirmado que los gobiernos fuertes necesitan operadores fuertes. Cuando el operador participa desde el diseño institucional y no únicamente en la ejecución, los sistemas adquieren estabilidad. La experiencia demuestra que la gobernanza pesa tanto como la tecnología.

ME.- Además de construir una empresa, impulsó instituciones como la Asociación Mexicana de Transporte y Movilidad y el Congreso Internacional del Transporte. ¿Por qué dedicar tiempo a generar espacios de diálogo?

JPZ.- Porque ningún empresario transforma por sí solo una industria. Las mejores soluciones aparecen cuando gobiernos, operadores, fabricantes, academia y organismos internacionales se sientan a conversar. La competencia puede existir entre empresas. El conocimiento, en cambio, debe compartirse. Si una ciudad mejora su movilidad, todos ganamos y el Congreso Internacional del Transporte nació precisamente a partir de esa convicción. 

ME.- ¿Cuál ha sido la decisión más difícil de su trayectoria?

JPZ.- Las decisiones más difíciles siempre involucran personas.

Modernizar implica cambiar hábitos, romper inercias y pedir confianza cuando todavía no existen resultados. En esos momentos uno descubre que dirigir no consiste únicamente en tomar decisiones, sino en asumir plenamente las consecuencias de ellas.

Siempre regreso al mismo punto: recordar por qué comenzamos. Cuando el propósito permanece claro, las dificultades dejan de ser un obstáculo para convertirse en parte del camino. Hemos aprendido que la sostenibilidad del transporte depende tanto de la operación como de la existencia de contratos claros, pagos oportunos, seguridad jurídica y mecanismos financieros que permitan renovar la infraestructura sin trasladarle todo el costo al usuario.

ME.- ¿Qué distingue a un empresario que administra de otro que transforma?

JPZ.- Administrar consiste en conservar. Transformar implica imaginar algo que todavía no existe. El primero procura que las cosas funcionen; el segundo se atreve a cuestionar incluso aquello que aparentemente funciona bien.

Transformar significa entender que el transporte público ya no puede depender exclusivamente de la tarifa. Pretender que el usuario financie simultáneamente la operación, la renovación de flota, la transición energética y toda la infraestructura necesaria es desconocer la complejidad del servicio.

ME.- ¿Cuál es la conversación que México todavía no está teniendo sobre movilidad?

JPZ.- Seguimos hablando demasiado de infraestructura y muy poco de movilidad. La conversación debe incluir profesionalización, financiamiento, innovación, electromovilidad, seguridad vial e integración metropolitana.

También debemos dejar de discutir falsas dicotomías, como si el debate consistiera únicamente en elegir entre pago por pasajero o pago por kilómetro. No existe una fórmula universal. Cada ciudad requiere modelos contractuales, financieros y de asignación de riesgos acordes con su realidad. La reforma pendiente no es tecnológica sino que es institucional, financiera y contractual. Si queremos electrificación, digitalización y servicios de calidad, debemos modernizar también el modelo con el que financiamos y gobernamos el transporte público.

ME.- Finalmente, ¿qué le responde a un joven empresario que le pregunta cómo construir una organización capaz de trascender?

JPZ.- Que las empresas sobreviven cuando sus principios sobreviven a sus fundadores.

La tecnología cambia. Los mercados cambian. Los gobiernos cambian. Los valores no deberían cambiar. Siempre he creído que el prestigio se construye cumpliendo la palabra.

Cuando una organización mantiene congruencia entre lo que piensa, lo que dice y lo que hace, tiene posibilidades reales de trascender. El patrimonio más valioso de una empresa no son sus activos, sino que la confianza que logra construir con las personas.

En Grupo CISA siempre hemos entendido que el verdadero legado no será el número de autobuses que operamos, ni las ciudades donde estamos presentes. Será haber demostrado que el transporte público puede administrarse con visión empresarial, responsabilidad social y compromiso con el interés público. Si logramos que esa forma de entender la movilidad permanezca, entonces habremos trascendido.

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