Asamblea de Accionistas — El día esperado

Y llegó el día. Ese momento que, en las empresas institucionales, se vive con la solemnidad de un velorio y la adrenalina de una final de liguilla del fútbol mexicano.

El salón estaba lleno, los accionistas solemnes, los consejeros protagonistas y la silla de Don Martín —vacía, imponente, casi regañona— presidiendo la escena como fantasma de carne y hueso.

En episodios anteriores presentamos a los contendientes a ocupar la silla del presidente del consejo de administración, divididos en dos corrientes:

Los “suspirantes” (los de casa, los de confianza, los que ya saben dónde están los apagadores):

  • Lic. Ricardo, presidente interino, con 3% de acciones y un interinato que dejó más insomnios que certezas.
  • Javier “El Duro”, consejero con 25% de participación heredada, experto en meter el codo y sacar la chequera.
  • Sebastián, consejero independiente, el único que tiene pasión por el control y la organización.

Los “usurpadores” (los externos, los cracks de la industria, los que llegan con currículos de medallas olímpicas):

  • Lorena, brillante, académicamente impecable, con éxitos en retail y una sonrisa que intimida a los dinosaurios.
  • Patricia, templada, prudente, con experiencia en consejos familiares donde se sobrevive a base de diplomacia y té de tila.
  • Mark, exdirector global, en su estilo de liderazgo mezcla del laureado entrenador de fútbol Carlo Ancelotti por sus estrategias y de la presidenta de la Comunidad de Madrid Isabel Díaz Ayuso, por su determinación y enfoque en resultados.

La Asamblea inició con una mezcla de incienso, pólvora y café recalentado.

Los sesgos generacionales desfilaban como en carnaval:

  • los que no querían mujeres “porque no”,
  • los que querían internos “porque sí”,
  • los que querían externos “porque ya estuvo bueno”,

y “las momias”, que no querían nada… resistentes al cambio.

Los discursos finales: cada uno con su estilo

Ricardo habló con la prudencia del que sabe que está a un voto de la gloria o del olvido.

Javier ofreció capitalización, músculo y contactos.

Sebastián desplegó métricas, controles y palabras que hacían entender que no se dejaba la vida por ganar, sino por seguir aportando valor.

Lorena demostró innovación, velocidad y un aire de “ya es 2026, señores”. Los Ferraris están a punto de rebasar los Mercedes.

Patricia ofreció sensatez, prudencia y temple.

Mark narró batallas globales con la serenidad del que ha vivido naufragios… y ha sobrevivido reinventando las rutas a navegar.

La votación: silencio de funeral combinado con tensión de final de la Copa Mundial de la FIFA.

Las papeletas cayeron en la urna como gotas de lluvia anunciando el final de una sequía.

El Lic. Ricardo, por conflicto de interés, aguardaba desde fuera de la sala de consejo, con cara de “si no gano, al menos que no gane el que todos sabemos no debe ser”. (según él)

Los accionistas votaron. Y votaron en serio.

Nada de simulaciones, nada de acuerdos bajo la mesa (bueno… casi ninguno, excepto por “las momias”).

El resultado: continuidad con giro dramático

Tras un conteo cerrado, digno de taquicardia, la Asamblea anunció:

El Lic. Ricardo será el nuevo Presidente del Consejo de Administración

Hubo aplausos. Hubo suspiros. Hubo quien murmuró “ya era hora”.

Pero la historia no terminó ahí.

Porque los accionistas de la empresa, en un arranque de lucidez estratégica —o de inspiración divina— tomaron una decisión de cracks.

El acuerdo adicional: aire fresco, brújula global y un toque de realidad con base en capacidades.

La Asamblea aprobó por mayoría:

  • Invitar a Lorena como Consejera Externa Independiente Remunerada.

Y, como si eso no fuera suficiente para sacudir el avispero:

  • Nombrar a Mark como Director General de la empresa.

Sí, Mark.

El mismo Mark que ha navegado mares globales, sobrevivido tormentas corporativas y que, según cuentan, puede oler una crisis antes de que los más experimentados la vislumbren.

La lógica fue simple:

  • Ricardo aporta continuidad y legitimidad.
  • Mark aporta visión global, colmillo y velocidad.

Lorena aporta modernidad, frescura y una voz externa que no le debe favores a nadie.

Un triángulo de ejecución y estrategia, que, si se coordinan, puede llevar a la empresa a una década de estabilidad y crecimiento.

Y si no se coordinan… bueno, también será divertido de narrar.

La sucesión de Don Martín no fue un trámite.

Fue una radiografía emocional de la empresa: sus miedos, sus nostalgias, sus talentos y sus contradicciones.

Hoy, con Ricardo en la presidencia, Mark en la dirección general y Lorena en el Consejo, la organización ha elegido un modelo que combina brújula, radar y motor. Una apuesta por un modelo híbrido:

  • tradición con modernidad, experiencia con audacia, continuidad con renovación.
  • Siempre enfatizo desde el consejo, enfócate más en lo importante y menos en lo urgente.

Querido lector: La sucesión de Don Martín nos deja una lección que trasciende nombres y cargos:

Como dice uno de mis mentores:

“Si en el Consejo de Administración nada duele, todo está bien… es seguro que algo anda mal.”

Pero la verdadera prueba comienza ahora:

  • ¿cómo se alinean los intereses individuales, colectivos y sociales de los accionistas?
  • ¿cómo se equilibra la riqueza con el propósito?
  • ¿cómo se gobierna sin perder el alma?

En la siguiente entrega exploraremos ese territorio donde se cruzan el poder, el propósito y la percepción.

Si estos temas hoy son tu talón de Aquiles, o simplemente quieres anticiparte a ellos, te invito a seguir esta conversación: entenderlos no solo fortalece al Consejo… también fortalece el legado.

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