Por REVISTA MUNDO EMPRESARIAL

Esta semana el tema que domina la conversación empresarial no es una cifra de inflación ni un dato bursátil: es el arranque formal de las revisiones al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá. El gobierno estadounidense confirmó que sustituirá el esquema original de renovación cada seis años por un mecanismo de revisiones anuales que se extenderá hasta 2036, con la primera «Revisión Conjunta» ya realizada el 1 de julio. Para un país donde cerca del 40% del PIB está ligado a las exportaciones, la noticia no es menor: cambia, de raíz, la forma en que empresarios e inversionistas deben planear el mediano y el largo plazo.

Por qué importa a cada empresario, y no solo a los exportadores

El T-MEC no es un tema exclusivo de las grandes manufactureras fronterizas. Es la columna vertebral de la certidumbre jurídica que permite planear inversiones, contratar personal y comprometer capital a varios años vista. Cuando esa certidumbre se pone en revisión cada doce meses en lugar de cada media década, el cálculo de riesgo de cualquier empresa —desde la maquiladora hasta la pyme proveedora de segundo o tercer nivel— cambia por completo.

Las cifras explican la magnitud de lo que está en juego. Según el exjefe negociador del tratado, Kenneth Smith Ramos, el T-MEC representa un valor comercial de dos billones de dólares (dos trillones, en la nomenclatura estadounidense), concentra más del 80% de las exportaciones mexicanas y, desde 2006, más de la mitad de la inversión extranjera directa que recibe el país proviene de Estados Unidos y Canadá. Smith Ramos advirtió que, si bien no ve un riesgo inminente de ruptura del acuerdo, sí anticipa turbulencia política durante el proceso de revisión —un escenario que exige capacidad de respuesta rápida y coordinada del lado mexicano.

La voz nacional de COPARMEX: certeza hacia adentro, prudencia hacia afuera

El presidente nacional de COPARMEX, Juan José Sierra Álvarez, ha sido enfático en los últimos días: el Tratado, dijo, es prácticamente irreversible porque Estados Unidos también necesita de México para ser competitivo frente a otros bloques económicos. Sin embargo, ha insistido en que las revisiones anuales sí «prolongan la incertidumbre» y afectan directamente la planeación estratégica de las empresas que compiten por capital contra otros países.

Frente a las declaraciones del presidente Donald Trump, que en meses recientes calificó al T-MEC como poco relevante para su país, Sierra Álvarez fue claro: hay temas que le interesan a Estados Unidos —migración, fentanilo y la relación comercial con China— y México debe trabajarlos con firmeza pero sin confrontación, «con contundencia pero con prudencia», en línea con el manejo que ha tenido la propia presidenta Claudia Sheinbaum. El mensaje de fondo del organismo patronal es que México no puede llegar a la mesa de negociación exigiendo condiciones si no ha resuelto primero sus pendientes internos.

Y ahí está, quizá, la frase que mejor resume la postura de COPARMEX en este proceso: la confianza es el motor de la inversión, y sin confianza no habrá inversión, sin inversión no habrá desarrollo económico, y sin desarrollo no se generarán los empleos bien remunerados que las familias mexicanas necesitan. Por ello, el llamado del organismo ha sido consistente en cada foro reciente —desde el Summit Grandes Empresas hasta la gira de trabajo que una delegación de empresarios afiliados realizó en Washington ante la US Chamber of Commerce—: «arreglar la casa» antes de sentarse a negociar. Concretamente, tres pendientes: consolidar el Estado de derecho y la certeza jurídica, garantizar seguridad para personas y empresas, y asegurar energía suficiente, confiable y competitiva. A esos tres pilares, Sierra Álvarez ha sumado el desarrollo de talento, la certeza hídrica y la infraestructura logística como condiciones para capitalizar plenamente la relocalización de inversiones (nearshoring) que en teoría favorece a México.

Durante la gira en Washington, COPARMEX también fijó una demanda técnica concreta: eliminar barreras arancelarias como la Sección 232, que golpea a los sectores automotriz, del aluminio, del cobre y del acero, y que la revisión del tratado se conduzca como un ejercicio de modernización técnica y trilateral —no bilateral ni impuesto de manera unilateral—, para preservar la integración de América del Norte como uno de los bloques más competitivos del mundo.

Las voces regionales: el riesgo no se queda solo en la frontera

Los liderazgos regionales de COPARMEX han traducido ese mensaje nacional en advertencias muy específicas. En Baja California, la presidenta de COPARMEX Tijuana, Elisa Ibáñez Aldana, alertó que las inversiones estadounidenses ya instaladas en la entidad podrían verse afectadas por el nuevo esquema arancelario y de revisiones, con un matiz importante: el efecto no se quedaría solo del lado mexicano, también golpearía a las empresas estadounidenses que ya invirtieron en territorio nacional, porque la cadena de valor entre los tres países opera de manera integrada.

En La Laguna, la dirigencia de COPARMEX coincidió en que el éxito de esta etapa dependerá de que prevalezca una visión de largo plazo —integración productiva de América del Norte— por encima de la coyuntura política o las tensiones diplomáticas del momento, y recordó que, de acuerdo con datos internos del organismo, el 84% de las empresas afiliadas ha registrado mejoras de productividad desde 2020 gracias a las reglas claras que ofrece el tratado.

El contexto económico no ayuda

Esta revisión llega en un momento en que el propio pulso empresarial ya mostraba señales mixtas. De acuerdo con el más reciente estudio de KPMG sobre perspectivas de la alta dirección en México, 58% de los ejecutivos anticipa que la economía se estancará este año, aunque, en un contrasentido revelador, 79% espera que sus ventas crezcan de cualquier forma. Es la fotografía de un sector privado que sigue apostando por el país pese al ruido regulatorio: cambios normativos (52%), inseguridad (47%) y deterioro de márgenes (47%) figuran entre las principales preocupaciones citadas por los propios directivos, seguidas de cerca por la política comercial de Estados Unidos.

En paralelo, el semáforo económico de COPARMEX CDMX se mantiene en amarillo. Las exportaciones cayeron cerca de 9% en el primer trimestre respecto al año anterior, y el registro de negocios activos en la capital lleva ya dos años consecutivos a la baja, con más cierres que aperturas. A ello se suma un dato que preocupa particularmente al sector manufacturero: en el primer trimestre de 2026 se perdieron poco más de 227 mil empleos formales, concentrados en la industria manufacturera, de acuerdo con cifras del INEGI reconocidas por el propio gobierno federal. Son señales de alerta que conviene leer junto con la revisión del tratado, no por separado: la incertidumbre comercial externa y la fricción regulatoria interna se están retroalimentando.

La otra cara: hay motivos para no perder la perspectiva

No todo son nubarrones. El INEGI reportó que la inversión fija bruta repuntó 5.1% en abril, rompiendo una racha de 19 lecturas negativas consecutivas a tasa anual —su mejor variación desde julio de 2024—, impulsada principalmente por la construcción residencial, que creció 16.7% anual, y por la maquinaria y equipo importado. Es la primera señal concreta de que el capital empieza a moverse de nuevo. La pregunta que plantean los propios analistas del sector financiero es si esa fortaleza logrará transmitirse a la inversión productiva de largo plazo y al consumo nacional —algo que, en buena medida, depende de que la revisión del T-MEC concluya con reglas claras y estables en lugar de sobresaltos anuales.

La postura empresarial que debe prevalecer

El mensaje de fondo desde el sector patronal ha sido consistente en cada pronunciamiento de las últimas semanas: la prioridad no puede ser ganar una negociación coyuntural a costa de la confianza de los inversionistas. Cuidar los empleos y las cadenas de suministro que el tratado ha permitido consolidar en más de tres décadas de integración regional —un comercio que ha crecido 55% desde la entrada en vigor del acuerdo, con un intercambio regional multiplicado casi cinco veces desde 1994— debe pesar más que cualquier disputa de corto plazo. México concentra más del 80% de sus exportaciones hacia el bloque norteamericano; no es una relación que se pueda arriesgar por cálculo político, ni por parte de México ni por parte de sus socios.

Para las empresas mexicanas, el llamado que se desprende de todas estas voces es doble: seguir invirtiendo con la mirada puesta en el largo plazo, aprovechando el repunte que ya empieza a insinuarse en los datos duros, pero también exigir —con la misma firmeza que han mostrado tanto la dirigencia nacional como los liderazgos regionales de COPARMEX— que la autoridad negocie con una postura nacional unificada, técnica y con visión de Estado, no de sexenio ni de coyuntura política.

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