Por Armando Zúñiga Salinas

Hace unos días, durante las Juntas Nacionales de COPARMEX, tuve la oportunidad de participar en una iniciativa vinculada a Crece Mi Negocio, compartiendo brevemente mi historia empresarial ante emprendedores y empresarios.

La experiencia me hizo volver muchos años atrás y recordar algo que, con el paso del tiempo, a veces olvidamos: ninguna gran empresa nació siendo grande.

Detrás de cada empresa consolidada hubo primero una idea, una necesidad, un emprendedor con incertidumbre y, casi siempre, muchos tropiezos.

Mi historia comenzó precisamente con una necesidad.

Mi primera empresa fue la necesidad

Desde niño entendí que, si quería comprar algunas de mis cosas, tenía que encontrar la manera de generar mis propios recursos. Sin saberlo, ahí comenzó mi formación como emprendedor.

Vendí prácticamente todo lo que podía vender: joyería de fantasía, cosméticos, enciclopedias y, siendo todavía muy joven, hasta terrenos.

No había estudiado ventas ni conocía conceptos como estrategia comercial, flujo de efectivo, propuesta de valor o experiencia del cliente. Simplemente descubrí algo que después sería determinante durante toda mi vida: me gustaba vender y entendía que detrás de cada venta debía existir una solución para alguien.

Aquellos años forjaron mi perfil comercial y me enseñaron una de las primeras grandes lecciones del emprendimiento: cuando existen necesidad, iniciativa y voluntad, siempre podemos encontrar oportunidades.

Después encontré un propósito

Años más tarde, la vida me llevó a conocer de cerca una empresa de seguridad privada.

Fue entonces cuando descubrí las difíciles condiciones que enfrentaban muchos guardias de seguridad: jornadas exigentes, bajos niveles de reconocimiento, necesidad de capacitación, pocas oportunidades de crecimiento y enormes retos para mejorar sus condiciones de vida.

Aquello me impactó.

Entendí que detrás de cada uniforme había una persona, una familia, sueños y aspiraciones.

Y ahí nació una idea que cambiaría mi vida: crear una empresa de seguridad diferente, capaz de crecer haciendo crecer a su gente.

Con el tiempo entendí que eso tenía un nombre: propósito.

Quebrar también enseña

Pero tener una buena idea y un propósito no significa saber construir una empresa.

Yo sabía vender, pero desconocía prácticamente todo lo demás.

Tuve que aprender contabilidad, impuestos, administración, finanzas, recursos humanos, aspectos legales y operación. Y muchas de esas lecciones no llegaron en un salón de clases.

Llegaron literalmente a golpes.

Durante aproximadamente cinco años quebramos alrededor de cinco empresas.

Podría ocultar esa parte de mi historia y hablar solamente de los éxitos. Pero sería injusto para cualquier joven que hoy está emprendiendo y piensa que equivocarse significa fracasar.

No todas las empresas que fundé sobrevivieron, pero todas dejaron una enseñanza.

Cada caída me enseñó algo que necesitaba conocer para construir la siguiente.

Aprendí que vender mucho no necesariamente significa ganar dinero; que una empresa necesita flujo, controles, administración y disciplina; que debemos rodearnos de personas que sepan más que nosotros; y, principalmente, que un empresario nunca puede dejar de aprender.

Entonces nació IPS

En el año 2000, después de acumular experiencias, errores y aprendizajes, fundamos Grupo IPS.

Lo que comenzó como un emprendimiento es hoy una organización que genera cerca de 10 mil empleos en tres países.

Pero cuando observo lo construido, lo que más orgullo me produce no es únicamente cuánto hemos crecido.

Es cómo hemos crecido.

Desde nuestros primeros años entendimos que nuestra gente debía estar en el centro de la organización. Por eso hemos impulsado educación, capacitación, reconocimiento, desarrollo, vivienda y diferentes programas destinados a mejorar la calidad de vida de nuestros colaboradores y sus familias.

Porque generar empleo es extraordinario, pero generar oportunidades para transformar vidas es todavía más poderoso.

México necesita más empresarios

Esta experiencia también me enseñó que ser empresario representa una enorme responsabilidad.

Una empresa no solamente genera utilidades. Genera empleos, paga impuestos, desarrolla talento, compra a otras empresas, fortalece comunidades, impulsa innovación y contribuye a construir país.

Por eso necesitamos cambiar la manera en que hablamos del empresario.

Antes de convertirse en empresario, prácticamente todo empresario fue un emprendedor que tuvo miedo, arriesgó sus ahorros, se equivocó, volvió a empezar y algún día contrató a su primer colaborador.

Después llegaron diez, cien, mil o quizá muchos más.

Ahí radica la enorme importancia de iniciativas como Crece Mi Negocio de COPARMEX: ayudar a que quienes hoy tienen una pequeña idea puedan construir mañana una empresa sostenible.

México necesita emprendedores, pero también necesita crear las condiciones para que esos emprendimientos sobrevivan, se formalicen, innoven, incorporen tecnología, accedan a financiamiento y algún día se conviertan en grandes empresas.

A quien hoy está empezando

Si pudiera hablar con aquel niño que comenzó vendiendo cosas para comprar lo que necesitaba, jamás podría explicarle todo lo que vendría después.

Por eso, a los jóvenes que hoy tienen una idea, venden su primer producto desde casa, comienzan un negocio en redes sociales o acaban de contratar a su primera persona, quisiera decirles algo:

No tengan miedo de empezar pequeños.

Tampoco tengan miedo de equivocarse.

Capacítense. Pregunten. Escuchen. Rodéense de personas mejores que ustedes. Entiendan sus números. Incorporen tecnología. Construyan reputación. Cumplan su palabra. Y nunca pierdan de vista a las personas.

El éxito empresarial difícilmente se construye en línea recta.

En mi caso hubo ventas, errores, deudas, empresas que no funcionaron, noches difíciles y muchas decisiones equivocadas antes de llegar hasta aquí.

Y seguramente todavía habrá mucho que aprender.

El verdadero éxito es abrir camino para otros

Después de más de tres décadas como emprendedor y empresario, he llegado a una conclusión:

Una empresa verdaderamente grande no se mide solamente por cuánto factura, sino por cuántas oportunidades es capaz de generar.

Nuestro país enfrenta enormes desafíos, pero también posee uno de sus mayores activos: millones de mexicanos con talento, creatividad y ganas de salir adelante.

Desde COPARMEX tenemos la responsabilidad de acompañarlos y construir un entorno donde emprender, invertir, generar empleo formal y crecer sea cada vez más posible.

Porque detrás de una pequeña empresa puede estar escondida la próxima gran empresa mexicana.

Detrás de un joven que hoy realiza su primera venta puede encontrarse un futuro generador de miles de empleos.

Yo comencé vendiendo para cubrir mis propias necesidades.

Hoy tengo el privilegio y la responsabilidad de trabajar para que miles de familias puedan construir sus propias historias.

Esa, para mí, es la verdadera dimensión de ser empresario: crecer, hacer crecer y abrir camino para que otros también puedan hacerlo.

Compartir en:​

Noticias de hoy

No Te Pierdas Las Últimas Noticias

Suscríbete

Obtén tu revista digital suscribiéndote aquí. ¡Es gratis!