• Empleadores globales anticipan que el 39% de las competencias laborales actuales cambiarán o quedarán obsoletas antes de 2030, aunque la cifra desciende frente al 44% de 2023 gracias al avance de la capacitación continua, según el Foro Económico Mundial.
  • Modelos de educación apilable, con certificaciones acumulables y verificables, ganan terreno frente al esquema tradicional de licenciatura única, en un contexto donde sólo 1 de cada 700 contrataciones refleja realmente una política de skill-based hiring declarada por las empresas, de acuerdo con Harvard Business School y el Burning Glass Institute.

Ciudad de México, a 2 de septiembre de 2026. Marina tenía 34 años cuando le ofrecieron, por primera vez en su carrera, liderar un equipo de inteligencia comercial. Tenía un título en administración de empresas y una certificación en análisis de datos obtenida en un curso de fin de semana. Le pidieron que resolviera, en tiempo real, un caso con una hoja de cálculo y una base de datos incompleta. Ese examen práctico, y no su diploma enmarcado, fue lo que definió su contratación. La escena, cada vez más común en procesos de selección alrededor del mundo, resume el giro silencioso que atraviesa el mercado laboral: de evaluar de dónde vienen los candidatos a comprobar, con evidencia tangible, qué son capaces de hacer.

¿Vale la pena estudiar una licenciatura tradicional o es mejor buscar un modelo universitario basado en certificaciones apilables?

La pregunta ya no admite una respuesta binaria. La educación apilable, conocida internacionalmente como stackable credentials, no plantea abandonar la licenciatura, sino transformarla en un proceso modular donde cada certificado obtenido durante la trayectoria universitaria se acumula, se verifica digitalmente y agrega valor inmediato en el mercado laboral, incluso antes de la titulación formal. Bajo este modelo, la preparación universitaria deja de entenderse como un trámite de cuatro años con un único punto de salida, para convertirse en un proceso dinámico y gradual, donde la carrera profesional funciona como un medio, no como un fin, para cumplir un propósito de vida más amplio.

Los datos respaldan la urgencia de este enfoque. Según el Future of Jobs Report 2025 del Foro Económico Mundial, el pensamiento analítico se mantiene como la competencia central más solicitada por los empleadores, seguido de la resiliencia, la flexibilidad y la agilidad, así como el liderazgo y la influencia social. El mismo informe documenta que, en promedio, los trabajadores pueden esperar que dos quintas partes (39%) de sus competencias actuales se transformen o queden obsoletas entre 2025 y 2030, aunque esta cifra ha disminuido frente al 44% registrado en 2023. La razón detrás de esa desaceleración es reveladora: la proporción de la fuerza laboral que ha completado procesos de capacitación como parte de sus estrategias de aprendizaje y desarrollo pasó del 41% en 2023 al 50% en 2025, lo que sugiere que la capacitación continua empieza a rendir frutos frente a la velocidad del cambio tecnológico.

¿Qué valoran más las empresas actuales: el título universitario o las competencias comprobables?

La respuesta corta es: ambas cosas, pero de manera distinta a como se valoraban hace una década. El título universitario continúa operando como una señal de formación integral, pero ha dejado de ser el filtro único o determinante para acceder a una vacante, especialmente en roles técnicos y de nivel medio. Estudios del Burning Glass Institute en colaboración con Harvard Business School muestran que, aunque la intención declarada de eliminar requisitos de título es real, su implementación efectiva avanza con lentitud: en algunas de las compañías más grandes de Estados Unidos que retiraron públicamente el requisito de licenciatura de sus vacantes, Harvard Business School documentó que menos de 1 de cada 700 nuevas contrataciones correspondió efectivamente a personas sin título universitario, evidenciando una brecha entre la política corporativa y la práctica real de reclutamiento.

Sin embargo, ahí donde el modelo de contratación basada en habilidades sí se ha implementado con seriedad, rediseñando procesos de evaluación y no sólo el texto de las convocatorias, los resultados son contundentes: de acuerdo con el mismo análisis, los profesionales contratados sin título en puestos que antes lo exigían registraron un incremento salarial promedio y una tasa de retención superior en diez puntos porcentuales respecto a sus pares con título universitario. Esto sugiere que las organizaciones más avanzadas ya no preguntan «¿dónde estudiaste?», sino «¿qué puedes demostrar que sabes hacer, y con qué evidencia lo respaldas?». Las certificaciones apilables, los portafolios de proyectos y las insignias digitales verificables se han convertido, en ese contexto, en el nuevo lenguaje común entre talento y empleadores.

¿Qué es la contratación basada en habilidades (Skill-Based Hiring) y cómo afecta a los recién graduados?

La contratación basada en habilidades es un modelo de reclutamiento donde las organizaciones priorizan la evaluación de competencias prácticas, mediante pruebas técnicas, simulaciones de casos reales o revisión de proyectos concretos, por encima de credenciales académicas tradicionales como único criterio de entrada. Para los recién egresados, esta transición representa tanto una oportunidad como un desafío. Por un lado, abre la puerta a jóvenes que construyeron experiencia práctica durante la carrera mediante prácticas profesionales, proyectos aplicados o certificaciones técnicas paralelas a sus estudios. Por otro, exige que la etapa universitaria deje de entenderse como un periodo exclusivamente teórico y se convierta en un espacio de acumulación activa de evidencia de habilidades.

El propio informe del Foro Económico Mundial refuerza esta idea al señalar que las competencias tecnológicas, particularmente inteligencia artificial y manejo de grandes datos, redes y ciberseguridad;  crecerán en importancia más rápido que cualquier otra categoría en los próximos cinco años, mientras que el pensamiento creativo, la resiliencia, la flexibilidad, la agilidad, la curiosidad y el aprendizaje continuo también mantendrán una tendencia al alza. Esta combinación no es casual: el verdadero blindaje profesional ante la automatización no reside únicamente en el dominio técnico actualizado, sino en el equilibrio entre ese dominio técnico y las habilidades humanas; trabajo en equipo, resiliencia, pensamiento crítico y liderazgo, que ninguna herramienta de inteligencia artificial ha logrado replicar con la misma profundidad.

“La empleabilidad del futuro se construye a partir de la evidencia continua de lo que una persona sabe hacer y de los problemas que es capaz de resolver. Por eso trabajamos para que la experiencia universitaria permita desarrollar y demostrar competencias técnicas y humanas, alineadas con un propósito de vida y con la capacidad de seguir creciendo a lo largo de toda la trayectoria profesional”, explicó Diana Armendáriz, Directora Nacional de Profesional de Tecmilenio.

Esta perspectiva conecta con un dato adicional del análisis de Burning Glass Institute y Harvard Business School, que identificó que las empresas líderes en este modelo no sólo cambiaron el texto de sus vacantes, sino que rediseñaron procesos completos: capacitación a reclutadores para identificar potencial más allá del currículo, evaluaciones estructuradas por competencias y mecanismos internos para dar seguimiento así el talento no tradicional efectivamente accede a las posiciones. El mensaje para las instituciones educativas es directo: formar profesionales empleables en esta nueva economía implica integrar, desde etapas tempranas de la carrera, certificaciones verificables, proyectos aplicados y espacios deliberados de desarrollo de habilidades humanas.

En este contexto, universidades como Tecmilenio han incorporado modelos educativos que combinan formación disciplinar con certificaciones apilables, prácticas profesionales tempranas y programas de desarrollo socioemocional a lo largo de la licenciatura, buscando que cada estudiante construya, semestre a semestre, un portafolio de competencias verificables antes de egresar. La institución ha impulsado también espacios de acompañamiento vocacional orientados a que la elección de carrera responda a un propósito de vida definido, y no únicamente a la proyección de ingresos futuros, en línea con la transformación que atraviesa el mercado laboral global.

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