“La paradoja de la inteligencia artificial es que una de las tecnologías más digitales depende cada vez más de recursos físicos”

La disputa por la inteligencia artificial ya no se centra en crear modelos más avanzados, sino en controlar la infraestructura, los datos, los chips y la seguridad que los hacen posibles. La ventaja competitiva depende ahora de quién tenga acceso a mayor capacidad de cómputo, semiconductores especializados, centros de datos, energía, redes de alta velocidad y sistemas de ciberseguridad. La carrera deja de ser de software para convertirse en una lucha por activos físicos y digitales que requieren inversiones multimillonarias.

Chips, energía y centros de datos

El auge de la IA generativa ha multiplicado la necesidad de infraestructura. Entrenar y operar modelos complejos exige enormes cantidades de procesamiento, colocando a los semiconductores avanzados en el centro de la competencia. Pero disponer de chips no basta: se requieren instalaciones capaces de alojarlos, sistemas de enfriamiento, conectividad y suficiente energía eléctrica.

Las inversiones dimensionan esta etapa: empresas tecnológicas y financieras movilizan cientos de miles de millones de dólares para financiar chips, centros de datos y capacidad energética. Una alianza con Nvidia busca movilizar más de 500 mil millones de dólares en infraestructura de IA, mientras otras compañías han adquirido compromisos por billones de dólares en arrendamientos de centros de datos y acuerdos de suministro energético.

La infraestructura como ventaja competitiva

Un ejemplo es el proyecto de un gigantesco centro de datos en Ohio, respaldado por Nvidia, OpenAI, SoftBank y SB Energy. Con capacidad de hasta 8 gigawatts, requiere inversiones adicionales en infraestructura eléctrica. La IA evoluciona hacia un modelo comparable con las grandes industrias de infraestructura: la capacidad de cómputo comienza a ser considerada un recurso estratégico, al igual que la energía o las telecomunicaciones. Quien controle la infraestructura podrá ofrecer servicios a empresas y gobiernos sin recursos propios, generando un nuevo ecosistema económico alrededor del procesamiento, almacenamiento y conectividad.

Los datos y la ciberseguridad

Junto con la infraestructura física, los datos siguen siendo uno de los recursos más valiosos. Los modelos necesitan grandes volúmenes de información para entrenarse, mientras que las empresas buscan aprovechar sus propios datos para aplicaciones especializadas. La adopción empresarial dependerá de la capacidad para ordenar, proteger y aprovechar la información, con reglas claras sobre privacidad y seguridad. La ciberseguridad se perfila como una de las industrias que más crecerán alrededor de la IA.

México ante una oportunidad estratégica

Durante el primer semestre de 2026, las exportaciones mexicanas de equipo de cómputo alcanzaron 82 mil 900 millones de dólares, con un crecimiento de 172% impulsado por la demanda vinculada con la IA. La Asociación Mexicana de Data Centers estima inversiones por 82 mil 500 millones de dólares entre 2026 y 2031. Flex anunció una inversión de mil millones de dólares para infraestructura de centros de datos en México. Sin embargo, el país enfrenta retos: disponibilidad de energía, capacidad de redes eléctricas, formación de talento especializado y desarrollo tecnológico propio.

La etapa más costosa

La IA entra en una fase de mayor madurez y costos. Desarrollar un modelo avanzado puede requerir miles de millones de dólares, pero llevarlo a millones de usuarios exige infraestructura aún más compleja. La paradoja es que una de las tecnologías más digitales depende cada vez más de recursos físicos. La competencia se decidirá no solo en laboratorios de algoritmos, sino en fábricas de semiconductores, centros de datos y sistemas de ciberseguridad.

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