La Universidad Anáhuac Mayab atiende uno de los mayores desafíos de la educación superior: responder a un mundo transformado por la tecnología sin perder de vista aquello que coloca a la persona en el centro de toda formación.

En conversación con Mundo Empresarial, el maestro Miguel Pérez Gómez, Rector de la institución para el periodo 2025-2028, comparte su visión sobre los retos de la educación universitaria, la inteligencia artificial, la formación humana, la internacionalización, la investigación y el emprendimiento.

La Universidad frente a un cambio de época

Para Pérez Gómez, el momento actual no es simplemente una época de cambios, sino un verdadero cambio de época, impulsado por la tecnología. La universidad tradicional —salón, pizarrón y libros— ya no existe de la misma manera, pero el Rector entiende esta transformación como una oportunidad: la tecnología permite profundizar contenidos, ampliar el alcance y acelerar procesos educativos mediante cursos en línea, realidad aumentada e inteligencia artificial. Una clase que antes tomaba dos horas hoy puede desarrollarse en menos tiempo, liberando espacio para profundizar y atender mejor al estudiante. «La tecnología es un gran aliado», afirma.

Esta transformación también alcanza las insta-laciones: la apuesta de la Anáhuac Mayab incluye infraestructura de excelencia, mantenimiento permanente y tecnología acorde a cada carrera, además de profesores con experiencia práctica y vinculación real con su industria.

Cuando el conocimiento  está al alcance de todos

Antes, acceder al conocimiento implicaba ir a una biblioteca; hoy un teléfono da acceso instantáneo a más información de la que una persona podría leer en toda su vida. Por eso el reto ya no es el acceso, sino qué hacer con la información. La universidad debe desarrollar en sus estudiantes análisis, síntesis, toma de decisiones, pensamiento riguroso, capacidad de discernir lo verdadero, trabajo en equipo, comunicación y la habilidad de hacer que las cosas sucedan. Como la tecnología se vuelve obsoleta en pocos años, el estudiante debe aprender también a adaptarse al cambio. Aquí aparece el concepto central de su visión: la formación humana.

La persona sigue siendo el centro

Lejos de debilitar el modelo educativo, la transformación tecnológica lo vuelve más vigente. La formación integral, centrada en la persona, y el liderazgo de acción positiva cobran mayor relevancia. La Universidad Anáhuac Mayab acompaña a sus alumnos para que se descubran y construyan un proyecto de vida en todas sus di-mensiones —profesional, física, espiritual, familiar y social—, formando  líderes capaces de construir comunidad y de tocar positivamente la vida de quienes tuvieron menos oportunidades.

Para hacerlo realidad, la institución creó un Instituto de Acompañamiento, integrado por cerca de 300 mentores capacitados, de los cuales 180 se encuentran activos, además de tener todo su equipo directivo formado para esta labor.

Hiperconectados, pero poco comunicados

Vivimos hiperconectados pero poco comunicados, afirma el Rector: los «likes» no sustituyen un abrazo ni una escucha real. La universidad debe recuperar la cercanía, el encuentro y la pregunta adecuada, frente a fenómenos como la ansiedad, el miedo, la soledad y la falta de sentido. Este acompañamiento se extiende también a los colaboradores, no solo a los alumnos. La universidad cuenta además con un área de investigación, un diploma en acompañamiento y un proyecto para ayudar a otras instituciones a implementar modelos similares.

Educación continua para un mundo que cambia

La velocidad del cambio tecnológico —la inteligencia artificial es el ejemplo más claro— exige actualización permanente. Lo que bastaba durante una carrera profesional hoy ya no es suficiente, por lo que la educación continua y el posgrado son estratégicos. La oferta educativa que ofrecemos contempla modelos presenciales, híbridos y a distancia, con actualización constante.

Internacionalización: entender que el mundo se hizo pequeño

La meta es que el 100% de los alumnos viva una experiencia internacional. El inglés es obligatorio, y según la carrera, también chino, francés o alemán. La universidad colabora con cerca de 300 universidades, envía alrededor de 600 alumnos de intercambio al año y recibe cerca de 450 extranjeros, principalmente europeos, además de ofrecer dobles titulaciones en España, Francia, Alemania, Italia e Inglaterra. Entre el 12 y 15% de sus alumnos son extranjeros, sobre todo de Centroamérica, Sudamérica, el Caribe y Estados Unidos. La internacionalización también llega al campus mediante cursos en línea, convenios y profesores internacionales, porque —como plantea el Rector— no es lo mismo ver una película sobre Alemania que convivir un semestre con su cultura.

Global Faculty: conocimiento que genera nuevas conexiones

Profesores de Suecia, Estados Unidos, Italia y otros países comparten su experiencia y generan nuevas colaboraciones con la comunidad académica. Esta internacionalización también impacta la empleabilidad: los egresados pueden trabajar para empresas extranjeras sin mudarse, aunque eso mismo intensifica la competencia global, lo que hace aún más valiosos los intercambios y la colaboración internacional.

Investigación con impacto en la comunidad

La investigación se enfoca en ciencias sociales, humanidades, acompañamiento, historia y educación, con profesores del Sistema Nacional de Investigadores y vínculos con cerca de 20 centros de investigación en Yucatán. La meta no es competir en proyectos de gran escala, sino generar conocimiento con impacto real en la comunidad, la región y el propio modelo educativo.

Innovar para no tenerle miedo al cambio

El emprendimiento es obligatorio del primer al cuarto semestre para todos los alumnos, y a partir del quinto existe un minor y una incubadora. En lo que va del 2026 incubaron 123 proyectos, superando la meta histórica de 100. El ecosistema incluye una oficina de registro de patentes y marcas, una aceleradora y una oficina de transferencia de tecnología. El objetivo es que los jóvenes pierdan el miedo a emprender, sea cual sea su profesión, en cualquier momento de su vida laboral.

De la idea al proyecto tecnológico

La universidad impulsa cada vez más proyectos de base tecnológica, con mayor valor agregado, algunos con impacto internacional. Para fortalecer este ecosistema atrae fondos de inversión y organiza la Semana de Emprendimiento e Innovación y el Makers Fest, donde se exhiben proyectos en distintas etapas, desde la incubación hasta empresas ya consolidadas.

Una universidad con vocación regional

Mérida ha sido históricamente un destino educativo para el sureste mexicano, y esa vocación se mantiene: cerca del 70% del alumnado no nació en la ciudad, y muchos vienen de Campeche, Quintana Roo, Tabasco y Chiapas, además de otros estados y de Centroamérica, Sudamérica y el Caribe. La calidad de vida de Mérida se convierte en un aliado natural de la experiencia universitaria.

El legado: cambiar positivamente la vida de las personas

Al hablar de su legado, Pérez Gómez regresa al principio de su visión: la persona. Para él, la universidad es una vocación que le da energía y espíritu; disfruta ver los jardines, los edificios y, sobre todo, los pasillos llenos de alumnos. La misión es cambiar la vida de quien llega buscando encontrarse y crecer.

Una de sus mayores satisfacciones es ver a padres inscribiendo a sus hijos, a egresados que envían a los suyos, e incluso ya existe una nieta de las primeras generaciones: un vínculo entre generaciones que refleja la confianza en el modelo educativo.

La responsabilidad de formar para la vida

La visión de Pérez Gómez puede resumirse así: la universidad debe preparar a sus estudiantes para un mundo en transformación sin permitir que la tecnología desplace a la persona. El conocimiento será cada vez más accesible y la competencia cada vez más global, pero pensar con rigor, cuestionar, decidir, comunicarse, trabajar en equipo, escuchar, adaptarse y actuar con sentido seguirán siendo esenciales. Por eso, el reto de la Anáhuac Mayab ha sido siempre formar buenos profesionistas y además, acompañar personas que descubran quiénes son y tengan la disposición de ayudar a otros: una universidad que entiende el futuro como un desafío tecnológico y como una oportunidad para volver a colocar a la persona en el centro.

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