En un encuentro cargado de historia, dignidad y esperanza, la revista Mundo Empresarial entrevistó al excelentísimo embajador Mohamed Salec Abdessamad (Omar Bulsan), representante de la República Árabe Saharaui Democrática en México.

Desde la sede diplomática en la Ciudad de México, el embajador habló con serenidad, pero también con la fuerza de quien representa a un pueblo que durante décadas ha luchado por su soberanía, su identidad y su derecho a existir en libertad.

México, un aliado que no se olvida

Con visible gratitud, el diplomático recordó que México reconoció a la República Saharaui en 1979, convirtiéndose en una de las naciones que respaldaron su derecho a la autodeterminación.

“México ha sido un pilar fundamental. Es una tribuna del derecho internacional, defensor de los pueblos oprimidos y de la justicia universal”, expresó.

Para el embajador, la relación entre ambas naciones no sólo es diplomática, sino profundamente humana. Conferencias, exposiciones culturales, encuentros universitarios y actividades en la Cámara de Diputados forman parte del esfuerzo permanente para acercar la realidad del pueblo saharaui al pueblo mexicano.

Un pueblo herido, pero jamás vencido

Al referirse a la situación actual del Sahara Occidental, el embajador recordó uno de los capítulos más dolorosos de su historia moderna: la ocupación de su territorio en 1975 y el éxodo de miles de familias.

Narró cómo mujeres, niños y ancianos fueron desplazados, obligados a refugiarse en campamentos ubicados en el sur de Argelia, donde hasta hoy sobreviven comunidades enteras.

Sin embargo, lejos de la derrota, destacó la capacidad de organización de su pueblo. En esos campamentos funcionan municipios, escuelas, instituciones y estructuras de gobierno, muchas de ellas encabezadas por mujeres.

“La mujer saharaui ocupa ministerios, parlamentos, alcaldías y representaciones diplomáticas. Esa es una de nuestras mayores fortalezas”, afirmó con orgullo.

La esperanza también se construye

A pesar del conflicto, el embajador aseguró que el futuro del Sahara Occidental está lleno de posibilidades. Habló de recursos naturales estratégicos como el fosfato, la pesca y otras riquezas que, una vez alcanzada la soberanía plena, podrían convertirse en motor de desarrollo.

En ese escenario, México tendría un lugar privilegiado.

“México es un hermano y un aliado estratégico. Sus empresarios serán bienvenidos cuando llegue la paz definitiva”, señaló.

El mensaje fue claro: la solidaridad de hoy puede transformarse mañana en cooperación económica, comercial y cultural.

Un idioma que une dos mundos

Uno de los momentos más entrañables de la conversación surgió cuando explicó por qué habla español. Recordó que el pueblo saharaui mantiene un vínculo histórico con la lengua española, lo que facilita una conexión especial con América Latina.

“Somos un pueblo árabe en África que habla español. Eso nos acerca profundamente a México”, dijo.

Ese puente lingüístico, agregó, permite tender lazos entre dos pueblos marcados por la resistencia, la identidad y el orgullo de sus raíces.

La dignidad como bandera

Antes de concluir, el embajador dejó un mensaje que resonó más allá de la política:

“En 50 años de lucha hemos perdido vidas, hemos sufrido exilio y guerra, pero también hemos formado un pueblo valiente, culto y digno”.

Con voz firme, agradeció el respaldo histórico de México y envió un saludo fraterno a los lectores de Mundo Empresarial, convencido de que el futuro llegará.Porque hay causas que sobreviven al tiempo.
Y pueblos que, aun en el desierto, nunca dejan de florecer.

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